lunes, 28 de abril de 2008

¿QUIÉN ES NICOLÁS II?

“Pero… ¿Quién es Nicolás II?” En ese momento se paró la conversación entre un grupo de jóvenes universitarios, ingleses y españoles, todos estudiantes de postgrado. “Pues un Zar, el último Zar de Rusia.” “Ah, pero… ¿Qué es un Zar? ¿Y por que dejó de haberlos?”

Antes de nada, una aclaración. Con lo que voy a decir no pretendo hacer una crítica personal, ni tampoco tirar la primera piedra. Lo primero porque no creo que esa falta de conocimientos sea sólo culpa del individuo, sino que es consecuencia de una deficiencia asombrosa del sistema educativo (en este caso inglés). Lo segundo es porque desgraciadamente ni yo, ni mi generación estamos libres, en general, de ninguna falta en cuanto a educación se refiere.

Una vez entonado el mea culpa sólo una llamada a la reflexión. Alguien me dijo una vez que el sistema educativo anglosajón era el modelo a seguir, y una meta hacia la que deberíamos de caminar los españoles si queremos ser algo intelectualmente en el siglo XXI. Estoy de acuerdo en que es recomendable tomar nota en cuanto al nivel universitario se refiere, pero con cautela. Su sistema tiene ventajas incontables, pero hay que estudiar a fondo el sendero antes de empezar a andar, y no olvidar que también nos ha dejado mucho y muy importante nuestra tradición universitaria.

Pero de todas formas parece que el gran problema, y no importa el país del que se hable, reina en la educación primaria. “Es que si no vas por letras no ves nada de historia en el colegio”, decía la misma persona avergonzada, “ni siquiera te advierten de la importancia que tiene, que todo está conectado, y que necesitas esa base para entender muchas cosas.” Triste pero cierto. Y nosotros estamos ya en ese camino, empezando a correr, que nos tenemos que parecer todos mucho y cuanto antes mejor. Y nadie dice “calma”. A lo mejor era un buen momento para hacer un examen de conciencia, en plan globalizado, como nos gusta. Estamos intentando crear una Europa unida con una educación unida, ¿no habrá que replantearse las bases de esa educación?

La excesiva especialización, sobre todo desde los primeros años de formación, nos hace “útiles” socialmente, pero nos quita libertad. Las Humanidades, una rama degradada por su poca “productividad”, es lo que ayuda al hombre a entender lo que es, porque le enseñan lo que fue y hacia donde camina, y le da las herramientas necesarias para intentar comprender el mundo. Es nuestra responsabilidad luchar por una educación completa para las nuevas generaciones, en la que un abismo no separe a Ciencias y Letras sino que se sepa inculcar un conocimiento amplio y profundo, fruto del esfuerzo. ¿No os da miedo pensar que nuestros hijos puedan preguntar algún día, por ejemplo, qué fueron los campos de concentración nazis? ¿Y qué pasaba en ellos?

Madame de Pfuel

jueves, 24 de abril de 2008

QUEBRADURA


Atardecía, y las sombras conquistaban inexorablemente
la materia. La última puerta del pasillo, a mando derecha, estaba entornada, comunicando apenas el estudio con el resto de la casa. La lámpara que colgaba del techo, sencilla, permanecía apagada. Llamaba la atención una mesa, desplazada del centro hacía la ventana de dos hojas, en la pared contigua a la de la puerta. Entre mesa y ventanta una silla; sobre la silla Alfredo, que contemplaba casi toda la historia de occidente, atrapada tras los lomos de los libros que estaban en la estantería. Grecia, Roma (esplendor y caída), la Edad Media… y así hasta los contemporáneos, colocados de manera independiente al resto, como si se quisiera mostrar visualmente la quebradura. “Nadie cose remiendo de paño nuevo en un vestido viejo”. Y la ruptura fue. Sigue siendo.

Anochecía. Y Alfredo quedó dividido entre la luz del flexo y la penumbra. “Cada vez hay menos claridad”, pensó. Y en la estantería la brecha se hizo más patente.

lunes, 21 de abril de 2008

ENCUESTA

En un blog del ramo literario acaba de publicarse una encuesta sobre cuál es, a juicio de los lectores, el mejor narrador de la actualidad. Se daba la opción de elegir más de uno dentro de una lista cerrada de escritores. Los nombres que se daban eran los de: Paul Auster, Eduardo Mendoza, Claudio Magris, Enrique Vila-Matas, Ian McEwan, Mario Vargas Llosa, Haruki Murakami y John Maxwell Coetzee. Más allá de lo acertado de la relación –obviemente, deja a muchos fuera-, resultó que el más votado fue el primero de ellos, Paul Auster. No es la primera vez que escribo sobre este autor y lo cierto es que mi opinión no ha cambiado al respecto. Más bien al contrario, me reafirmo en ella, máxime cuando confirmé mis inquietudes hablando sobre el tema con entendidos en letras. Paul Auster, me dijeron, es un escritor que produce textos sin alma. Estoy completamente de acuerdo. Quizá por eso tenga hoy tanta aceptación…

martes, 15 de abril de 2008

¿ADÓNDE VAMOS?

(De un blog)

COMENTARIO 1. Hoy siento que me pesa toda la humanidad de mi ser. ¿Cómo poder deshacerse de esta carga? Escribo, y mientras las palabras surgen liberando mi espíritu soy capaz de alzar el vuelo. Gracias por esta entrada. Era el peldaño que esperaba.

COMENTARIO 2. Siento la misma experiencia kármica cuando escribo. También hay algún autor que opera de igual modo sobre mí, rompiendo cadenas que la rutina creó. Sobre todo, Paulo Coelho.

MODERADOR. Escribir es procurar liviandad a nuestra materia, a nuestro cuerpo de carnes y huesos. Así perfeccionamos nuestras imperfecciones. Debemos alcanzar una desinhibición total, acabar con toda atadura, soltar amarras.

COMENTARIO 3. He leído la entrada y los comentarios. Realmente no entiendo mucho de todo esto. Moderador, le explicas eso último a mi novio, lo de “alcanzar una desinhibición total, acabar con toda atadura, soltar amarras”, Gracias.

MODERADOR. Hola COMENTARIO 3. Creo que me has entendido mal. No quiero decir que tengas que romper la relación. Si a ti te gusta está bien. Los novios van y viene, no es bueno implicarse 100% en cada relación. La paz reside en la independencia.

COMENTARIO 2. Estoy de acuerdo. Además, todo está dentro de nosotros. Tan sólo debemos buscar en los sitios adecuados. Escribir ayuda a esa introspección kármica.

COMENTARIO 1. Hola COMENTARIO 3. En serio no entiendes nada? En qué siglo vives?

COMENTARIO 3. Cuántos de uds. han tenido unos padres que les quieran??? Alguno se casó???

MODERADOR. Estimado COMENTARIO 3. Espero cambies tu anterior entrada, si no lo haces será eliminada por contener posibles tintes retrógrados. Si no eres capaz de entender esto es que aún no te has liberado. La familia y el matrimonio son imposiciones que jamás elegimos. Aquí lo toleramos todo, pero no nos insultes con comentarios como ese.

(...)

Surje la pregunta... ¿adónde vamos?

jueves, 10 de abril de 2008

FORD MADOX FORD (1873 - 1939)

Importante intelectual de su tiempo, Ford estuvo ligado al mundo cultural en diferentes ámbitos. Vivió en Londres, París y en Estados Unidos rodeado de gente como Hemingway, James Joyce o Gertrude Stein. Como editor publicó a muchos de los grandes escritores del momento. También colaboró con su amigo Joseph Conrad en alguna de sus novelas. Interesado en el arte, se acercó puntualmente al Vorticismo, la vanguardia inglesa, pero como crítico se centró en el estudio de los Prerrafaelitas, dedicando especial atención a su abuelo, Ford Madox Brown, pintor cercano e influyente en el círculo. Brown no llegó a ser miembro formal del mismo pero fue pionero de su estilo. Curiosamente, su nieto tampoco perteneció formalmente al modernismo literario, pero también es considerado su fundador.

Fue un prolífico novelista y su trabajo está profundamente influido por la I Guerra Mundial. Una de sus novelas más conocidas, El Buen Soldado (1913), es de la etapa de preguerra. Técnicamente fue una obra innovadora por su estructura circular, la utilización de flash-backs, y cambios de puntos de vista. El narrador y protagonista vacía su conciencia y sus pensamientos, relatando una serie de acontecimientos y conversaciones con otros personajes sin ningún orden temporal o espacial. Esta descripción de lo que pasa por la mente humana está dentro de la nueva técnica literaria que se estaba desarrollando en la época. En el Impresionismo literario, profundamente relativista, la realidad no puede ser analizada, sólo se puede intuir; es una síntesis de sensaciones.

Ese vaciado de la mente se hace monótono y gris, no debido a falta de destreza literaria sino a la filosofía de fondo, y a su contenido; “Esta es la historia más triste jamás contada” son sus primeras líneas. Esporádicamente encontramos descripciones con toques pictóricos que olvidan el gris y colorean un poco la vida de los personajes. Se puede decir que aquellas obedecen a los únicos momentos de felicidad del desdichado protagonista.

Detrás de un argumento sin mayor complicación está implícita una profunda crítica social que se centra en la vacía vida de la aristocracia de primeros años del siglo XX, y en su concepto del matrimonio. Se refleja una alienación profunda del ser humano y un relativismo extremo que lleva al protagonista a vivir una vida carente de sentido. El pesimismo existencial que la novela transmite hace que cueste llegar hasta el final de sus páginas, en las que no se ve ni un atisbo de esperanza.

La novela es voz, no cabe duda, de un momento histórico. Tanto los protagonistas como el propio escritor están viviendo en la misma época y bajo las mismas delicadas circunstancias. La desorientación de los años de preguerra se siente en cada página. La aristocracia intentaba no respirar el aire enrarecido que impregnaba toda Europa y escapaba de ello, llevando una vida de ocio. Pero refugiarse en Balnearios lujosos no solucionaba el problema, y sus vidas acababan siendo el ejemplo más palpable de una crisis mundial que no tardaría en llegar.
Madame de Pfuel

martes, 8 de abril de 2008

VINIERON COMO GOLONDRINAS


Vinieron como golondrinas... y desde el principio se procuraron buena morada. Llegaron para quedarse, azarosas en la construcción de un nuevo nido que aún conservo, y al que acudo de cuando en cuando para entrever los augurios que trajeron. Voy con Bunny; y voy con Robert, un poco mayor. Pero sobretodo, voy con James, y junto a él busco en las profundidades una explicación, aunque siempre terminamos por reclamar un consuelo. Debemos acostumbrarnos a otro tipo de presencia. Se lo digo a James, y a Bunny, y a Robert. Y, seguramente, también me lo digo mí mismo.

Vinieron como golondrinas es una obra William Maxwell, publicada en Libros del Asteroide.

jueves, 3 de abril de 2008

VELÁZQUEZ EN EL SIGLO XIX

Whistler. El artista en su estudio. 1865-1866

En uno de los momentos de mayor esplendor inglés, cuando su gran imperio estaba forjándose, poco antes de que la reina Victoria llegara al poder, ciertos sectores de la sociedad británica miraron hacia España, que había estado en el fondo del saco del olvido prácticamente desde los tiempos en que vencieron a nuestra Armada.

Historiadores e intelectuales intentaban, mediante el estudio del pasado imperial español, sacar a la luz los errores que la potencia ibérica había cometido y evitar así que el incipiente imperio británico cayese en los mismos, y guiar sus pasos hacia una nueva era de esplendor. Pero la mayoría de la gente simplemente veía a España como un país lejano y exótico, con sus caminos infestados de bandidos y saqueadores, al que era mejor no acercarse.

Sólo algunos escritores, aventureros y pintores se sentían atraídos hacia ella por su conexión con el mundo oriental y por las peculiaridades de una cultura que pocos conocían. Gracias a estos últimos y también a la apertura del Museo del Prado, el arte español empezó a ser valorado más allá de los pirineos. No se pueden olvidar los saqueos franceses durante la Guerra de la Independencia y también la supresión de las órdenes monásticas que ayudaron a que nos quedásemos escasos de patrimonio cultural. Siempre se puede intentar ser positivo y pensar que “gracias” a eso el arte español, y sobre todo la escuela barroca, empezó a ser valorado fuera de nuestras fronteras.

Murillo fue el primero en la lista de éxitos, aunque pronto fue desbancado por Velázquez. Gracias, en parte, a la admiración que sentían por él los pintores franceses, sobre todo Manet y los americanos Whistler y Sargent, los británicos se empezaron a plantear que, si los franceses lo decían, a lo mejor Velásquez era, en efecto, un gran maestro. Los temas mitológicos del pintor, sus retratos de reyes e infantas, su espejo, su lienzo gigante, su pincelada y su realismo fascinaron a toda una generación de artistas británicos. El reflejo en la pintura bretona de principios de siglo XIX de una España con toques orientales, del sol, del baile y los moros fue cambiando, y descubrieron que había más profundidad, que el realismo y la técnica de Velásquez, al que el crítico inglés R.A.M Stevenson llamó el primer impresionista, eran también dignas de imitar.
Madame de Pfuel