viernes, 23 de mayo de 2008

RETRATOS TUDOR


Montacute House, impactante casa del periodo Isabelino, en Inglaterra, cobija entre sus paredes una exposición de retratos de mujeres de la época Tudor y Jacobina titulada “On the Nature of Women”, cuyo propósito es explorar la posición de la mujer y las ideas acerca de la misma en aquella sociedad.

Muchos de los paneles llevaban sin exponerse más de sesenta años y hubo que hacer una importante labor de investigación para recopilar toda la información posible sobre los retratos y la identidad de las representadas. A pesar del esfuerzo no todas se han podido identificar. Otras sin embargo, sí. Alguna incluso escondía algún secreto.

El retrato de Elizabeth Vernon es el mejor ejemplo. Lo primero que llama la atención es su posición en el cuadro; no es la acostumbrada en la época ya que está representada mirando a la izquierda, lugar destinado normalmente al varón. Después de realizar una radiografía al panel sobre el que está pintado el retrato se descubrió otro debajo que se cree representa a su marido, Henry Wriothesley, tercer conde de Southampton. El descubrimiento es importante, no sólo porque revela curiosos hábitos a la hora de realizar retratos en aquel periodo, sino también porque Wriothesley fue el único benefactor que hoy se conoce de Shakespeare.

(La exposición es producto del trabajo conjunto de la Universidad de Bristol, la National Portrait Gallery y la National Trust)

Madame de Pfuel


(Y aunque no lo haya dicho, Madame de Pfuel ha sido una de las protagonistas en este hallazgo. ¡Enhorabuena!)

lunes, 19 de mayo de 2008

Y ASÍ... ¿QUIÉN NO QUIERE SER BOHEMIO?

A mí aquel ambiente bohemio me pareció muy confortable. El único mal vestido y con las orejas sucias era Pujol, que comía con gran apetito y gran silencio. A pesar de esto, me enteré de que era rico. Guíxols mismo era hijo de un fabricante riquísimo. Iturdiaga y Pons pertenecían también a familias conocidas en la industria catalana. Pons además era hijo único, y muy mimado, según me enteré mientras él enrojecía hasta las orejas.

Extracto de Nada, de Carmen Laforet

martes, 13 de mayo de 2008

CLARA DE NINGUNA PARTE


Transcribo una reseña de Juan Ángel Juristo sobre el libro de Blanca García-Valdecasas, Clara de ninguna parte. Recomendadísimas ambas, crítica y obra.


La reedición de este libro de Blanca García Valdecasas – se publicó en Paza & Janés en 1986- nos viene que ni al pelo para reivindicar a una escritora que ha pasado los últimos años en esa suerte de limbo inexplicable donde van a parar aquellos escritores que no es ajustan a las modas del momento. La independencia feroz de que ha hecho gala, limitándose a escribir, quizá explique cierta inercia a dejarla de lado, paro no agota ni mucho menos el ominoso silencio hacia su significación como autora. Valga como muestra de este libro de relatos donde García Valdecasas hace gala de ese complejo de Robinson que según ella tiene que dominar el ejercicio del escritor: estar en una isla desierta y ser consciente de los escasos recursos de que uno dispone y saber aprovechar lo que la marea nos regala en al playa. Ni que decir tiene que la imagen no es sólo afortunada sino que define su modo de escribir. En estos relatos, se construyen vastas geografías que la autora conoce, Perú, Chile…, pero todo acontece en el tamiz de la memoria que precede al arrepentimiento, forjando un intimismo que trasciende la anécdota. El cuento que titula el volumen es modélico. Su comienzo, antológico.

viernes, 9 de mayo de 2008

AUSTER Y LOS "SIN ALMA" (DE NUEVO... LO QUISISTEIS)

Seguro que todos conocen alguna persona de esas mediocres, que no dan todo, calculando siempre no salirse de su conveniencia, atrapados por su propia existencia que ellos mismos se afanan en allanar. Personas que se asoman a la realidad de un modo escéptico, con aires de suficiencia o paternalistas incluso, agotadas en su ombliguismo, obtusos a la hora de cribar la paja del grano, cómplices de la vulgaridad. Que el mundo va mal… pues allá el mundo. Personas cuyas orejeras son el propio beneficio, dándole continuas vueltas a abstracciones por miedo a lo concreto, que les supera. Personas que se escudan en sus problemas, en su situación individual, en su carnalidad, al fin y al cabo. Seguro que conocen alguna persona de estas. Pues bien, para los que tanto se extrañan (miren los comentarios), así son las personas sin alma. Y sí, así son los personajes de Auster. Y por eso no me gusta.

lunes, 5 de mayo de 2008

UN MENSAJERO EN LA NOCHE

Hoy cuesta creer. En lo que sea. Estamos tan apegados a lo físico –mundano- que más allá de sus límites la certeza escasea y la confianza afloja. Parejo al descreimiento sobreviene una pérdida endémica de la capacidad de maravillarse. Que si no lo veo no lo creo, que si no le veo la explicación racional no es posible, que si no… Y así, una y otra vez, hasta que el cerco se ha estrechado tanto que asumimos el escepticismo como norma de vida. Sin embargo, fiarse de alguien es un ejercicio de lo más normal. Decir “te creo” o “me lo creo porque me lo ha dicho Fulanito” no deberían ser actitudes cada vez más extrañas. Si perdemos confianza, lo perdemos todo.

Albert Wensbourgh era un calavera. Atracó, robó a mano armada, intimidó, estafó, etc. Cumplió condena en las peores cárceles de Inglaterra y no esperaba de la vida nada más que cobrarse la ídem de quienes le traicionaron. Esa era la venganza que tenía planeada, su motivo para sufrir su condena. Sin embargo, sus planes no contemplaban todas las variables posibles. La noche de un primero de año se le apareció un ángel. Extrañado, pensó que era un sueño. Había perdido en vida toda posibilidad de trascendencia. Pero creyó. Luchó. Hizo el bien. Se convirtió. Recuperó la confianza olvidada… y quedó maravillado.

Le contó toda su vida a una periodista española, y ésta nos la contó a nosotros en un libro titulado Un mensajero en la noche, el cual recomiendo vivamente a todos. Especialmente a los escépticos que extraviaron su capacidad para maravillarse.