VELÁZQUEZ EN EL SIGLO XIX

Whistler. El artista en su estudio. 1865-1866

En uno de los momentos de mayor esplendor inglés, cuando su gran imperio estaba forjándose, poco antes de que la reina Victoria llegara al poder, ciertos sectores de la sociedad británica miraron hacia España, que había estado en el fondo del saco del olvido prácticamente desde los tiempos en que vencieron a nuestra Armada.

Historiadores e intelectuales intentaban, mediante el estudio del pasado imperial español, sacar a la luz los errores que la potencia ibérica había cometido y evitar así que el incipiente imperio británico cayese en los mismos, y guiar sus pasos hacia una nueva era de esplendor. Pero la mayoría de la gente simplemente veía a España como un país lejano y exótico, con sus caminos infestados de bandidos y saqueadores, al que era mejor no acercarse.

Sólo algunos escritores, aventureros y pintores se sentían atraídos hacia ella por su conexión con el mundo oriental y por las peculiaridades de una cultura que pocos conocían. Gracias a estos últimos y también a la apertura del Museo del Prado, el arte español empezó a ser valorado más allá de los pirineos. No se pueden olvidar los saqueos franceses durante la Guerra de la Independencia y también la supresión de las órdenes monásticas que ayudaron a que nos quedásemos escasos de patrimonio cultural. Siempre se puede intentar ser positivo y pensar que “gracias” a eso el arte español, y sobre todo la escuela barroca, empezó a ser valorado fuera de nuestras fronteras.

Murillo fue el primero en la lista de éxitos, aunque pronto fue desbancado por Velázquez. Gracias, en parte, a la admiración que sentían por él los pintores franceses, sobre todo Manet y los americanos Whistler y Sargent, los británicos se empezaron a plantear que, si los franceses lo decían, a lo mejor Velásquez era, en efecto, un gran maestro. Los temas mitológicos del pintor, sus retratos de reyes e infantas, su espejo, su lienzo gigante, su pincelada y su realismo fascinaron a toda una generación de artistas británicos. El reflejo en la pintura bretona de principios de siglo XIX de una España con toques orientales, del sol, del baile y los moros fue cambiando, y descubrieron que había más profundidad, que el realismo y la técnica de Velásquez, al que el crítico inglés R.A.M Stevenson llamó el primer impresionista, eran también dignas de imitar.
Madame de Pfuel

Comentarios

juanjomolina ha dicho que…
Grandísima entrada. Me ha fascinado. Muchas gracias.

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