jueves, 31 de enero de 2008

JUAN MESEGUER

Claro que situar al comienzo de un poemario diez líneas de Ernesto Sábato sobre el compromiso y la donación, junto a unos versos escogidos de Octavio Paz que viven angustiados, que expresan la agonía de un gerundio sin ser, es en toda regla una clave acertada y necesaria para leer la partitura. Porque Bancos de arena (primer libro de Juan Meseguer, que mereció un accésit del Premio Adonais 2005) está escrito bajo las pulsiones de una pluma, de una mano, de un poeta dedicado a devolver a la vida esas horas, esas acciones y esos pensamientos ocupados u orillados por la rutina.

Y a lo mejor la vida
no es otra cosa que eso:
llegar de noche a casa
(los niños, los deberes,
Los deberes, los niños),
sentarse en un sofá,
prescindir de la tele,
Y estar unos minutos
contemplando en tus ojos
la solución exacta
-el verso pertinente-
a todas mis preguntas.


¿Sabe cómo llamó al poema? Vita Poetica. Nada más coherente. Vida poética. La que hay en cada momento. Acostumbrados a ceder a los vaivenes del tiempo, a que sea la vida la que nos diga cuándo toca qué y cuando no, viene Meseguer y con cuatro versos nos enseña que vivíamos como hojas otoñales, a capricho de los vientos; que hay algo más allá de lo puramente accidental; que hay un sentido -muchas veces un no sé qué- intrincado en la realidad, capaz de amarrar la periferia al centro; y que es posible, ¡necesario!, no ceder el infinitivo…


Dame, esperanza,
el nombre equivocado
y dulce de las cosas.
Confunde con tu vuelo
el cálculo preciso
de la lógica humana;
su exacto pesimismo
de medidas y números.
Conquista para mí
-para nosotros-
la luz inaccesible de los días,
Su alta cumbre
de nieve y de pureza.

Juan Meseguer Velasco
Bancos de Arena
, 2005.

lunes, 28 de enero de 2008

WALKER PERCY

En un mundo tan globalizado, igual en temas económicos que culturales, no deja de sorprender el caso de Walker Percy, autor norteamericano que, con un National Book Award en sus alforjas y varios libros de éxito, no ha llegado a dar nunca el salto de un lado a otro del océano. De hecho, la primera asociación –y la única, me atrevería a decir- que puede tener el español medio cuando oye su nombre, viene pareja normalmente a La conjura de los necios, un libro que aunque no escribió, sí que le dio la oportunidad de ser publicado y, a la postre, obtener el Pulitzer en 1980, once años después de la muerte de John Kennedy Toole, su autor. Pero Percy era algo más que un pescador afortunado. Estudió medicina y, en su primera operación, cayó enfermo, contagiado por el propio paciente, de tuberculosis, lo que le tuvo encamado una larga temporada. Esto, que cualquiera puede tenerlo como un auténtico revés, se acabó convirtiendo en una temporada de especial significación. Fue entonces cuando leyó –casi se puede decir que engulló- a Dostoyevski, al igual que a Kierkegaard; autores que, a partir de entonces, tendrían en él un especial influjo. Fue también la época en que se le cayeron las escamas de los ojos y se convirtió al cristianismo. Y escribió. Ensayo y novela. Y ganó el National Book Award en 1962 con The Movigoer, novela que en España no triunfó, pero que en Estados Unidos es tenida como uno de los mejores libros escritos. Así las cosas, los editores a este lado del Atlántico se olvidaron de él, probablemente porque nunca comprendieron su obra, porque sus argumentos iban más allá –o quizás más acá- de la mera historieta, de la literatura fácil. Esto viene siendo así desde 1962. Murió en 1990. Y hoy parece seguir en el olvido

jueves, 24 de enero de 2008

MARIO QUINTANA

Llevo un par de días pegado aun pequeño libro, una recopilación de poemas de Mario Quintana. Se llama Puntos suspensivos y lo edita Los papeles del sitio. Me encanta. Aún más dándome cuenta de que nunca había oído hablar de él. No me acabo de acostumbrar a identificarme tanto con alguien a quien no conozco, a quien no conoceré –al menos en estas materialidades, murió en 1994. Mario Quintana fue, es, brasileño, de Algrete, nacido el penúltimo día de julio del lejano año de 1906. Su primer poemario apareció en 1940, lo tituló Rua dos Cataventos, y según cuenta García Maiquez, en él quedó ya marcado “el rumbo de su poesía, pues Quintana siempre declaró con desconcertante orgullo que el no evolucionó”. Después vendrían otros poemarios y relatos, y entre medias, siempre, sus famosos aforismos, escolios literarios tan célebres, tan personales, que acabaron por llamarse quintanares. Que dijera que escribía por necesidad, acaba por parecer una obviedad. Por eso me gusta más pensar que escribía para expresarse. Se ahogaba sin la pluma. El papel redentor de la literatura… bueno, no como algunos lo quieren entender, pero sí de alguna manera. Me gusta más que sea él mismo quien lo diga.

Quien escribe un poema, abre una ventana.
Respira, tú que estás en una celda
sofocante
todo el aire que entra…
Por eso los poemas tienen ritmo:
para que puedas respirar profundamente.

Quien escribe un poema, salva a un ahogado


¿Sólo eso? No más mucho más. Quintana no se dedicaba únicamente a “salvar”. Anhelaba algo más trascendente, buscaba la prolongación, la continuidad… la Alegría (título del poema que a mi me sirve de despedida y a ti, espero, de bienvenida a un nuevo autor)


No es esa alegría fácil de las cabras montesas
ni la de los borrachos dando tumbos
sino
una alegría sin cencerros ni panderetas…
Ésa quería yo:
La inmortal, la serena alegría que brilla en la mirada
de los santos
ante la luminosa presencia de la muerte.


miércoles, 23 de enero de 2008

HILARANTE WODEHOUSE

En ocasiones, cansados del agotador ritmo que el mundo editorial imprime a la revelación de novedades conviene relajar los tiempos, detenerse y echar mano de un texto que nos recuerde qué era aquello de leer lo que a uno le da la gana. Hay autores especialmente indicados para estos momentos y si bien cada cual tendrá los suyos preferidos, no voy a dejar de romper una lanza por Wodehouse, uno de mis favoritos. Este prolífico inglés –escribió un centenar de obras- maneja como nadie el humor en sus novelas y es ágil su prosa, que de simplona nada tiene. Wodehouse se mueve como nadie en la maraña de situaciones que él mismo -¿o son los propios personajes?- crea, consiguiendo algo verdaderamente complicado: mantener la sonrisa en la cara del lector de principio a fin. Es que no hablo de que nos sorprenda una carcajada en un momento puntual, sino que ésta no nos abandona ni un momento. Son famosas sus series de Jeeves, pero no hay título que desmerezca a este respecto. Hace unos días presté el que se llama Picadilly Jim... al poco me lo devolvían, sonriendo, claro.

A veces hay que mantener la libertad de espíritu necesaria para bajarse del tren de la seriedad, de la última hora, de la moda, de la novedad, y darse un respiro. Wodehouse es uno de mis refugios… y me encanta.

lunes, 21 de enero de 2008

SOLAMENTE

SOLAMENTE

ya comprendo la verdad

estalla en mis deseos

y en mis desdichas
en mis desencuentros
en mis desequilibrios
en mis delirios

ya comprendo la verdad

ahora
a buscar la vida


Por Alejandra Pizarnik

viernes, 18 de enero de 2008

ENTREVISTA DE ELEAZAR A BLANCA GARCÍA-VALDECASAS

"EL MAYOR ENEMIGO DE LA LECTURA SON LOS LIBROS MALOS"

Era la rúbrica de Dámaso Alonso la que firmaba hace unos años una peculiar carta redactada en términos encomiásticos. Dicha misiva, en la que constaba Blanca García-Valdecasas como destinataria, transmitía a ésta sus felicitaciones por el excelente uso de la lengua española desplegado en su obra, así como por haberse lanzado a corretear, siempre con soltura, por el fértil campo del vocabulario castellano. Sin duda impresionado –aunque a ella le cueste admitirlo-, se complacía de la literatura de esta granadina, al tiempo que, en este sentido, expresaba un ojalá que alcanzaba a sus mismos compañeros de la Academia. Elogios, directos e indirectos, que de tan infrecuentes resultan muy halagadores.

No es casualidad, por tanto, que hoy muchos la consideren como exponente de nuestra mejor literatura. Y es que estamos hablando de una escritora, que entre otros galardones, ha sido merecedora del Premio Fastenrath, que cada cinco años otorga la Real Academia Española a la modalidad de narrativa; de la orden de Gabriela Mistral por su aportación a la cultura hispanoamericana; del Premio de narrativa Ramón Gómez de la Serna, que otorga el Ayuntamiento de Madrid; y de la "Hucha de Oro" de la Confederación Española de Cajas de Ahorros.

Así pues, felices por encontrar en la reciente publicación de Por donde sale el sol -uno de sus libros más entrañables- una buena excusa para compartir un café con García-Valdecasas, nos dirigimos a su domicilio, previo aviso, donde nos recibe tan amable como siempre.

_Recibió el Premio Fastenrath al comienzo de su carrera como escritora, ¿qué se le pasó por la cabeza cuando se lo comunicaron?

Lo primero, pensé lo listo que era mi hermano José Guillermo. Él mandó los originales a la RAE mientras yo estaba fuera de Madrid.

_Son pocos los autores que tienen un premio como este, ¿qué motivación le queda para seguir escribiendo?

Bueno, la misma que antes. Siempre he escrito independientemente de fracasos o éxitos

_¿A qué achaca su poca presencia en los medios?

¿Es muy poca? Quizá no merezco más. Bromas a parte, creo que todos sabemos que los medios prefieren lo escandaloso a lo sencillo

_¿Qué le impele a escribir?

¡No lo sé! Es mi forma de hacer algo; es una especie de conformismo con el Creador. No me analizo mucho a mí misma pero sé que todo lo que es crear es una minúscula chispa que viene de Dios.

_¿Cuándo nació su vocación por la escritura?

Nació conmigo: fuimos gemelas

_¿La inspiración le viene a uno o hay que ir a buscarla?

No puedo hablar por los demás. A mi personalmente, viene ella a buscarme. A veces hasta la rehuyo, cuando estoy demasiado ocupada. Al fin y al cabo, soy una madre y abuela y escribir es un trabajo arduo, que toma mucho tiempo.

_¿Cuál es el mayor enemigo de la lectura?

¿Puedo contestar en broma?

_Por supuesto…

Pues bien, el mayor enemigo de la lectura son los libros malos, porque lo asquean a uno

_¿Y del escritor?

Del escritor, los libros muy buenos, porque uno piensa: ¿adónde voy yo, al lado de esta maravilla?

_Ahora mismo está Por donde sale el sol en los escaparates de las librerías, ¿qué destacaría de este libro?

La suerte que ha tenido por haber resucitado de entre los muertos. Gracias a los editores, que le han dado nueva vida.

_¿Siguen existiendo familias como la Violeta y Rogelio?

Igual, no sé. Pero sí sé que hay muchísimas familias auténticas, estupendas. Muchas más de lo que algunas personas quieren creer. Y es que lo bueno no hace ruido… hasta que lo saca a la luz, por ejemplo, un escritor, un periodista.

_Últimamente le hemos oído hablar de la entropía cultural, ¿a qué se refiere exactamente?

Bien. Se escribe, y no sólo en España, solamente recetas. Todos sabemos lo que tenemos que escribir si queremos éxito de ventas. Todo lo original –o casi todo- lo distinto, lo genuino, sencillamente, no tiene cabida. ¿Que hay que hacer novela histórica? Venga, doscientas mil, aunque ciento noventa y nueve mil sean malas o muy malas.

_¿Quién cree que sale más perjudicado de la relación entre la cultura y la política?

Bueno, creo que todo lo que toca la política sale perjudicado.

_La subvención de las letras por parte del Estado, ¿es una manera más elegante de secuestrar las plumas?

¿Elegante? Qué me dices; yo lo veo muy poco elegante. No soy partidaria de que el Estado subvencione casi nada. Aquí lo que más dinero se lleva es el cine y nadie va a ver las películas españolas.

_¿Qué le viene a la cabeza cuando escucha la expresión de “el mundo de la cultura”?

Que es una expresión estúpida. El mundo es el mundo y la cultura una parte –muy importante- de él.

_¿Es la cultura de izquierdas?

Vaya… yo creí que aquí la única que estaba de broma era yo… No me hagas reír… La izquierda trae incultura, planes de estudios letales, sectarismo, falsas interpretaciones… No. Si respetáramos de veras nuestra cultura, no la contaminaríamos con conceptos de izquierda ni de derecha.

miércoles, 16 de enero de 2008

BROOKLYN FOLLIES


  • Un jubilado divorciado
  • Un ex prometedor estudiante, ex taxista, ex joven ilusionado
  • Una joven (hermana del anterior) con un hijo a cuestas, ex actriz porno, ex cantante, ex camarera, ex drogadicta.
  • Un bisexual divorciado, ex marchante de arte, ex presidiario,
  • Una joven esquizofrénica, hija del anterior.
  • Etc.

Son algunos de los personajes del bestseller de Paul Auster, Brookly Follies. Lo cierto es que el ánimo se rebela al correr de las páginas. Cada una de las revelaciones de estos personajes atrapados en la miseria es un golpe al núcleo de la fe y la razón. Todo recuerda a lo más bajo: su actuar, su ser tan desligado de su naturaleza, su anclaje en la realidad más fragmentada, su incapacidad de levantar la mirada. En el ambiente, en sus razonamientos, uno se asfixia y se topa con la panorámica más gris del ser humano. Son fracasos, en su mayoría, de la vida en sociedad, exponentes de un individualismo post-moderno, viciados poco a poco sin caer en la cuenta.

Desde luego que no es un libro para ensanchar el ánimo, por mucho que su autor pretenda aligerar el desarrollo con una prosa ágil, más propia de un guión de cine que de una novela. De hecho, puede probarse a entonar como lo haría Steve Martin en una de sus películas, y se verá como se lee de corrido.

Como dice un buen amigo, este es el tipo de autor que de seguro no será recordado en cien años. Quizá sea uno más de la lista dorada de bestsellers impuestos. Quizá.

lunes, 14 de enero de 2008

A DOS POETAS

De dónde nace la poesía ya lo apuntaba –y lo reproducimos en una entrada anterior- Rainer M. Rilke cuando le aconsejaba al joven Franz Xaber Kappus que mirara en su interior. La siguiente pregunta podría ser cómo nace la poesía. Y esta vez basta con echar un vistazo al origen de las grandes creaciones. Todas –hemos dicho las grandes- nacen del enfrentamiento. Así es. Ya sea de la colisión de la intimidad con la realidad, de los sentimientos con las palabras, de los anhelos con las posibilidades reales, de la naturaleza con la mecánica, de lo material con lo espiritual, etc. Es esto lo que les une bajo la poesía, su peculiar vehículo de expresión. Es esto lo que une a poetas tan distintos como los fallecidos recientemente Ángel González y Ryszard Kapuscinski (de quien, por cierto, nos hemos enterado hace bien poco de que lo era). Del intimismo del segundo al compromiso del primero, tan sólo media una cosa: la poesía. Nuestro reconocimiento a ambos lo dejamos con un cachito de cada uno de ellos.

A MODO DE ORACIÓN
Te elevo a las alturas
te elevo más allá de las nubes
te elevo a las estrellas

Estás tan cerca del sol
que sus rayos
me ciegan
y dejo de verte

Cierro los ojos
me apresa la oscuridad
me apresa la soledad y el miedo

¿Por qué te he elevado tan alto
que ya no te puedo ver?

(Ryszard Kapuscinski)

INMORTALIDAD DE LA NADA
Todo lo consumado en el amor
no será nunca gesta de gusanos.

Los despojos del mar roen apenas
los ojos que jamás
—porque te vieron—,
jamás
se comerá la tierra al fin del todo.

Yo he devorado tú
me has devorado
en un único incendio.

Abandona cuidados:
lo que ha ardido
ya nada tiene que temer del tiempo.

(Ángel González)

viernes, 11 de enero de 2008

IMÁGENES POR IDEAS

Es norma, por lo común del hecho, que el escritor novel en su pretensión de alcanzar la maestría literaria desde la primera línea, se disponga presto a zambullirse en un mar de ideas, imprescindibles a su juicio, para el progreso humano. Así, no es extraño leer manuscritos en los que se habla del amor, de la vida o la muerte cuando en realidad lo oportuno sería desbrozar un simple estado de ánimo o describir un paisaje. Decía Joubert, -autor sin libro, escritor sin escrito, en palabras de Blanchet- que cuando en vez de sustituir las imágenes por las ideas, sustituimos las ideas por las imágenes, embrollamos el tema, oscurecemos su materia, volvemos menos clarividente el espíritu de los otros, y también el nuestro. Es sólo un consejo.

jueves, 10 de enero de 2008

LA LECTURA

Por Antonio Prete

Cubre el mantel la mesa de cocina

de losanges celestes y rosados,

la lámpara a petróleo balancea

al viento que con música de grillos

entra por la ventana,

“ven a dormir”, y la voz de mi madre

es, desde el otro cuarto, el hilo

que baja de la luna,

sombra en la pared blanca encalada,

estoy leyendo a Lorca o a Jiménez,

en la bóveda a estrella está la lagartija

a punto de saltar sobre un insecto,

corre el Guadalquivir más allá

de las viñas en filas,

de los olivos que rodean el campo,

van hacia el río saltando las muchachas,

como cervatillos por sobre la maleza

“de qué me olvido, madre,

qué me olvido”, entre los eucaliptos

el viento juega al ebrio, se abre allá la llanura

/ de Córdoba,

lejana y sola, el viento abraza la casa roja,

abraza los pensamientos, los estrecha

en un tiempo que tiene un respirar de plantas,

los encierra en la estancia blanca

de cal, donde se duermen,

mientras los años corren y corren en el mundo.

miércoles, 9 de enero de 2008

EN ORDEN

Cuando la cotidianeidad se echa encima y el café llega al estómago tan caliente como siempre; cuando se descubre que la mañana no cambia y que la marmota es la misma todos los días, es entonces que arrecia la necesidad de comprender -sobre todo entonces- que aún existe un orden latente en el universo y que su norma no se alimenta de capricho.

martes, 8 de enero de 2008

BIOGRAFÍAS

En Narrar la vida, un magnífico artículo de Enrique Krauze, se hace notar el escaso cultivo de la biografía como género literario en las letras hispanas, no ya en los últimos tiempos, sino desde antiguo. Tan evidente puede llegar a ser la afirmación que nos habría de bastar con echar un vistazo a los autores de las biografías de los grandes tipos españoles: Paul Preston para Franco o el rey Juan Carlos, Ian Gibson para Lorca y Machado o Elliott para el Cunde Duque de Olivares entre otros (me reservo ahora de opinar sobre las obras, baste decir que algunas de ellas son manifiestamente tendenciosas). No obstante lo anterior, es obligado hacer de resaltar honrosas excepciones como la de Gregorio Marañón

Ha sido largo y azaroso el devenir de la biografía a lo largo de la historia. Son grandes sus dos primeros iniciadores: Plutarco y Suetonio. El primero, autor de Vidas paralelas, apuntó que gracias a éstas “adorno la mía con las virtudes de aquellos varones […] haciendo examen, para nuestro provecho, de las más importantes y señaladas acciones”. Por el contrario Suetonio, fijábase más en los vicios que en las virtudes y así en su famosísima Vida de los césares retrata de modo crítico a sus biografiados. De la Roma clásica el género pervivió durante los años de la Edad Media gracias principalmente a las numerosas vidas de santos. Ya en la Edad Moderna se puede decir (sin olvidar a grandes como Vasari y sus Vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos) que la cátedra del género se asentó en Gran Bretaña, con Samuel Johnson y James Boswell como patriarcas.

Si la generalización lo permite, puede afirmarse que todo sigue hoy más o menos igual. Es decir, que los ingleses –mucho que nos pese- siguen llevando la batuta de este género. Personalmente, hay uno que aún no siendo muy conocido, creo que es de los mejores biógrafos que existen. Su nombre es Joseph Pearce y entre los grandes personajes en los que se ha adentrados destacan Chesterton (Encuentro), J.R.R. Tolkien (ediciones Minotauro está preparando la reedición de la obra) u Oscar Wilde (Ciudadela). Previsiblemente, en 2008 podremos disfrutar de la de Shakespeare en castellano. Esperemos continúe su carrera.

jueves, 3 de enero de 2008

¿ES NECESARIA LA LABOR DEL CRÍTICO?

La pregunta viene al hilo de un artículo publicado, hace ya más de un mes, por Antonio Lozano en Qué leer. Rematada la lectura, de inmediato pensé en que merecía respuesta, bien con mail a él dirigido, bien dedicando al tema una entrada en VERBA VOLANT, SCRIPTA MANENT. Si hasta ahora no ha tenido lugar, no ha sido por considerar el tema menor, sino por lograr mayor atemperación así en las formas como en el fondo, no vaya a tornarse el bombero en pirómano.

La pregunta no es baladí, y comienza Lozano la respuesta argumentando –es literal- que si el escritor es hijo de Dios, el crítico lo es del Diablo. Dicotomía cuanto menos curiosa que se encarga de razonar admitiendo que aunque emparentar al crítico literario con Mefistófles puede sonar efectista y sobredimensionado, lo cierto es que la semilla de su razón de ser –la del crítico- tiene algo de demoníaco: no deja de de una soberbia bastante aberrante suponer que alguien puede emitir un veredicto de una obra creativa ajena. Dicha afirmación bien invalida el resto del artículo, ya se encajen, como efectivamente después se encuentran, todas las puntualizaciones que se gusten. Y es que es un error de fondo pensar que soberbia y crítica son gemelas.

Lo cierto, es que el artículo está escrito para ganarse al lector. Los guiños son constantes, y los susurros recurrentes. Que si nadie es digno de juzgar la obra de otro, que si un crítico es un narcisista perdido, que si su juicio está viciado por oscuros intereses… Y aunque bien es cierto que algo de esto puede existir, la mayoría de las aseveraciones son tan políticamente correctas, tan idealistas, tan hippies que la página queda emborronada por montañas de tópicos.

Así pues, vayamos por partes. Primero, la crítica como tal es absolutamente necesaria, pues su labor es corregir vicios y poner, en la medida de lo posible, orden en esta casa de putas en que muchas veces parece que se ha convertido el mundo editorial. Otra cosa es que los críticos jueguen en el equipo de los chulos… Segundo, toda obra es perfectamente enjuiciable. Es norma de la post-modernidad el planteamiento de que todo tiene igual valor, lo que incapacita cualquier tipo de jerarquía y, por tanto, las categorías de mejor y peor o de bueno y malo. El error es formidable. Y tercero, que existan malos críticos no puede desbaratar toda la profesión. ¿O es que cien malos escritores desvirtúan al mismo Cervantes?

miércoles, 2 de enero de 2008

HOY, DOS DE ENERO


La mañana del dos de enero, primer día laborable del año, acepta acomodarse a múltiples lecturas. Una tan sólo me salva de la coloración grisácea. Hoy es preciso comprender que los frutos no se recogen recién sembrada la semilla. En el momento presente urge no olvidarlo, es lo que provoca el repliegue del gris. El esfuerzo es el mejor abono. Tiempo habrá de saborear lo realizado. Palabra.