lunes, 17 de diciembre de 2007

DE TÓPICOS VAMOS LISTOS...

Vivir a base de tópicos es de lo más triste que puede haber. Es síntoma de nulo espíritu crítico, de apoltronamiento intelectual, de inexistente capacidad discursiva y de manifiesta torpeza mental. Es, además, punto de arranque de injusticias e injurias. Cicerón (de nuevo un clásico…) apuntaba que existen dos tipos de injusticia: “el primero, de quien injuria a otro, y el segundo, de aquellos que pudiendo no defienden a los injuriados”. Pues bien, siguiendo este apunte, es manifiesto que aquellos escritores –en este blog son protagonistas- que viven, piensan y escriben desde el tópico falso y malintencionado, faltan a la justicia desde las dos vertientes posibles, y es su obra, por tanto, tan despreciable como inicua.

¿Que por qué estas líneas? Por Köt, de Ábalos, por La brújula dorada, de Pullman, y por otros tantos títulos que se quieren convertir en bestseller pisando la verdad.

1 comentario:

Carlos de Bergerac dijo...

DE TÍPICOS Y TÓPICOS

Qué tópico más típico el hablar de tópicos a través de los típicos tópicos.

Por otro lado, he de reconocer que siento, en este caso, que en cierta medida estás en lo cierto. No he leido, ni ganas tengo, las novelillas que censuras citando, pero conozco otros muchos casos que me reconcomen las entrañas (qué tópico).

Por lo general, tengo un criterio innato por el cual no leo literatura del vómito, pero he de reconocer que caí en la tentación de leer el gran libro (gran por el tamaño) El código Da Vinci (qué típico). Es, sin duda alguna, el ejemplo más caractéristico de esa literatura del tópico que mencionas. Prefiero no entrar a valorar la cantidad de gilipolleces (¿se pueden usar palabras malsonantes?) que relata, pero si os voy a contar una cosilla que demuestra el nivel intelectual de la mayoría de lectores que han hecho de este libro el más vendido del siglo XX:

Una vez, un conocido (por decir algo) comentó que aquel libro le había apasionado de tal forma que estaba completamente enganchado y que no podía parar de leerlo desde el día en que se hizo con un ejemplar del mismo cuatro meses atrás.
Sí, así era, llevaba leyendo tan apasionante novela cuatro meses y aún no la había terminado y eso que dispensaba a su lectura cerca de veinticinco horas diarias. De esto ya hace un par de años y espero, que para la próxima vez que me encuentre con dicho sujeto, ya la haya terminado, para "amistosamente" poder dialogar sobre tan grande novela (que típico tópico)