miércoles, 23 de enero de 2008

HILARANTE WODEHOUSE

En ocasiones, cansados del agotador ritmo que el mundo editorial imprime a la revelación de novedades conviene relajar los tiempos, detenerse y echar mano de un texto que nos recuerde qué era aquello de leer lo que a uno le da la gana. Hay autores especialmente indicados para estos momentos y si bien cada cual tendrá los suyos preferidos, no voy a dejar de romper una lanza por Wodehouse, uno de mis favoritos. Este prolífico inglés –escribió un centenar de obras- maneja como nadie el humor en sus novelas y es ágil su prosa, que de simplona nada tiene. Wodehouse se mueve como nadie en la maraña de situaciones que él mismo -¿o son los propios personajes?- crea, consiguiendo algo verdaderamente complicado: mantener la sonrisa en la cara del lector de principio a fin. Es que no hablo de que nos sorprenda una carcajada en un momento puntual, sino que ésta no nos abandona ni un momento. Son famosas sus series de Jeeves, pero no hay título que desmerezca a este respecto. Hace unos días presté el que se llama Picadilly Jim... al poco me lo devolvían, sonriendo, claro.

A veces hay que mantener la libertad de espíritu necesaria para bajarse del tren de la seriedad, de la última hora, de la moda, de la novedad, y darse un respiro. Wodehouse es uno de mis refugios… y me encanta.

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