jueves, 10 de enero de 2008

LA LECTURA

Por Antonio Prete

Cubre el mantel la mesa de cocina

de losanges celestes y rosados,

la lámpara a petróleo balancea

al viento que con música de grillos

entra por la ventana,

“ven a dormir”, y la voz de mi madre

es, desde el otro cuarto, el hilo

que baja de la luna,

sombra en la pared blanca encalada,

estoy leyendo a Lorca o a Jiménez,

en la bóveda a estrella está la lagartija

a punto de saltar sobre un insecto,

corre el Guadalquivir más allá

de las viñas en filas,

de los olivos que rodean el campo,

van hacia el río saltando las muchachas,

como cervatillos por sobre la maleza

“de qué me olvido, madre,

qué me olvido”, entre los eucaliptos

el viento juega al ebrio, se abre allá la llanura

/ de Córdoba,

lejana y sola, el viento abraza la casa roja,

abraza los pensamientos, los estrecha

en un tiempo que tiene un respirar de plantas,

los encierra en la estancia blanca

de cal, donde se duermen,

mientras los años corren y corren en el mundo.

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