jueves, 28 de febrero de 2008

WILLIAM F. BUCKLEY JR.


Ayer, 27 de febrero de 2008, a los 82 años de edad, falleció William F. Buckley Jr. Será recordado por su incansable actividad literaria y periodística -realizada con descaro y señorío- y por su carácter optimista y emprendedor. Fue el fundador de la revista National Review, a través de cuyas páginas se logró la articulación, y hasta cierto punto unidad, del hasta entonces disperso movimiento conservador estadounidense. Escribió cientos de artículos, medio centenar de libros y llegó a ser uno de los presentadores más famosos de la historia de la televisión americana.

William F. Buckley luchó siempre contra el pensamiento único, pretendido por la cultura de izquierdas, y fue de continuo un convencido favorecedor del debate tanto intelectual como político. En todo momento se mostró de parte del sentido común, renegando de los vientos utópicos y las cortinas de humo tan frecuentes desde los sesenta. Fue un enamorado de lo concreto y un defensor de la persona como sujeto valioso en sí mismo, como miembro de la sociedad y participante de la Creación, oponiéndose enérgicamente, con estilo y gracejo, a esquemas reduccionistas y apriorismos ideológicos.

Ciertamente, hay algunos hombres, dispersos por la historia, encargados abrir nuevos surcos que eviten que el agua se estanque. Buckley fue uno de ellos y detrás de él no vino un riachuelo, sino todo un torrente. Ayer le llegó la hora del merecido descanso. Seguro que habrá de ser en paz.

lunes, 25 de febrero de 2008

HARRY POTTER

Todas las semanas estoy pendiente de leer la última entrada escrita por Urbizu en su blog Los libros y los días. Me gusta el modo que tiene de enfocar la literatura, la criba de títulos, la explicación de los pareceres y el mismo modo de expresarse, que aun con ínfulas literarias no es pretencioso ni artificial. Consigue Urbizu abrir camino para neófitos como el que ahora escribe, a la vez que, sin otorgarle patente exclusiva, se ejercita a mi modo de ver como faro en la espesa niebla de la novedad editorial. Esto es, en fin, que leo con gusto todo lo que escribe y, en leyéndolo, me complazco en haber aprovechado los escasos minutos que me lleva.

Sin embargo, disiento de su último comentario, panegírico de la postrera entrega de Harry Poter (Harry Potter y las reliquias de la muerte (una perspectiva)), quizá porque abusa del tópico, quizá porque diverjo de fondo con el menester e importancia que se le ha otorgado a la obra de J. K. Rowling. Ensalza Urbizu la encomiable tarea imaginativa de toda la saga, maravillándose de que tal derroche “requiere de un aprendizaje y de una pedagogía” que, a su juicio, conducen a “algo mejor”. No es por restar mérito ni desdeñar el trabajo de esta inglesa, pero para un mejor entendimiento de mi crítica, lo confrontaré con otras dos sagas de sendos compatriotas suyos: El Señor de los Anillos de Tolkien y Las crónicas de Narnia de Lewis. La diferencia fundamental está en el planteamiento antropológico, pues mientras estas dos últimas están evidentemente abiertas a la trascendencia, la de Rowling se agota en la recreación de su mundo, en las aventuras y desgracias del joven Potter, epicentro de toda la trama, medida del bien y del mal, y acaparador de un pobre mesianismo reparador. Un fondo demasiado estrecho para tantas lisonjas.

Cuestión más discutible es la referente al “impulso tremendo para la lectura” que ha supuesto la saga potteriana. Aquí el tiempo dirá, pero por ahora me inclino más a pensar como una librera que comentaba este fin de semana que el fenómeno editorial inglés no es más que pasajero, hijo de la moda y deudor de lo efímero. Veremos.

viernes, 22 de febrero de 2008

CARLOS ARNICHES

Cada vez que oigo una expresión chulesca, castiza, me acuerdo siempre de Carlos Arniches, el escritor que mejor ha conseguido plasmar este deje madrileño. Hace años que leí su recopilación de sainetes en Del Madrid castizo, una obra en la que es imposible (sobre todo si se es gato, digo yo) no acabar doblado por la risa, bien por las situaciones, bien por el expresarse de los personajes.

Ocurre que muchos textos de la literatura -los buenos y bien escritos- traen pareja una musicalidad que en ocasiones es identificable; en el caso de los sainetes, el chotis y la música de organillo prenden tras la primera palabra. Algunos, los menos imaginativos, se quejan de que recuerda a Concha Velasco en La verbena de la Paloma… ya, pues el hijo de mi jefe dibujó una niña en un papel y a alguno le recordó a La Gioconda.

Arniches (1866-1943) no pretendió ser grave ni obtuso, ni buscó la gloria por los derroteros de la seriedad y el academicismo. Nada más lejos, su mayor contentamiento era escuchar las risas del público durante las representaciones de sus obras. No lo digo yo, él mismo aseguraba que su pretensión era “hacer pasar unas horas de risa a los buenos espectadores [...] que tanto se merecen un poco de solaz y esparcimiento”. Y lo conseguía, sin ser burdo o zafio… y sin cobrar ningún tipo de canon.

lunes, 18 de febrero de 2008

Cuando llueve en domingo y tú estás solo

Cuando llueve en domingo y tú estás solo,
completamente solo,
abierto a todo, pero no llega ni el ladrón
y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo;
cuando llueve en domingo mientras tú estás abandonado
y no comprendes cómo vivir sin cuerpo
y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo;
cuando llueve en domingo y, solo, no eres más que tú,
¡no esperes ni hablar contigo mismo!
Entonces el ángel es el único que sabe
lo que hay encima de él,
entonces el diablo es el único que sabe
lo que hay debajo de él.

El libro sostenido, el poema al caer...

Vladimir Holan

viernes, 15 de febrero de 2008

DOSTOYEVSKI, DE NUEVO

Por caprichos del destino, pues no busqué en ningún momento la coincidencia, he leído últimamente tres libros de autoría rusa. ¡Qué distinto es el relatar eslavo del más propiamente occidental, qué diferencias en el enfoque, en el desarrollo, en el posicionamiento del propio autor, que no narra sino lo que pasa por su interior! Dos de los tres libros son de Dostoyevski. Con éstos ya son varios los títulos que de este autor he leído. Me gustan mucho, pero suelo acabar los libros cansado, un tanto exhausto. Dostoyevski no inventa situaciones imaginarias, ni mundos artificiales. No es mago de conejo y chistera. Todo lo contrario. En cierto modo, sus obras son un continuo recordar, entendido éste como “volver a pasar por el corazón” (recordar, de cor, cordis), por lo que los artificios lingüísticos no tienen lugar en sus textos. Los que podríamos confundir o los que pueden identificarse como tales no son más que la elegancia que siempre viste a la sencillez. Es notorio que en cada uno de sus libros permanece una gran parte del autor, atrapado en sus propias palabras. Lejos de ser un industrial de la literatura, se implica en cada obra, siempre con un fin, con un anhelo, de igual modo que en la vida. Al leerle se puede tener la sensación de que todo transcurre muy despacio, que falta acción, que sobran párrafos enteros. Ésa es su grandeza. Va desvelando la verdad de sus personajes poco a poco, perforando la superficialidad con las palabras, dejando que sus dudas, sus acciones y sus pensamientos transcurran naturalmente, y recorran así el camino necesario –a veces penoso- que haya de conducirles hacia la definición. Llegados a ese punto la novela se acaba. No tiene sentido, pensaría, el artificio que se agota en sí mismo.

miércoles, 13 de febrero de 2008

GENERALIZACIONES

No es cuestión de generalizar, porque normalmente terminan por entreverarse en el mismo rebaño cabras con ovejas, pero la brevedad del espacio y la avidez del receptor por manejar una tesis rápidamente, a ser posible sencilla y con trazas de evidencia, obligan a ello. Por eso, la carnaza primero, para contento de unos y destrozo del texto. Es norma de la actualidad, generación acostumbrada -¿obligada?- a lo inmediato. Literatura de acción, de giros, de situaciones inverosímiles, de personajes cada vez más fantásticos, menos comunes, menos corrientes, ya sea por sus vidas, ya por sus anhelos. Hados imprevisibles, acciones que atrapan, rápidos diálogos, brillantes o mezquinos, normalmente improbables. Bestsellers de kiosco de aeropuerto, del VIPS de turno, de opencores. Acomodaciones de la historia a la trama, estrecheces en el planteamiento, superficialidad psicológica, explotación del tópico. Ausencia de lectura reposada. Novedad, novedad, novedad. Libreros agotados de cambiar escaparates. “Disculpe ¿qué título? Sí, muy bueno. Déjeme comprobar. Lo siento, es del mes pasado, he devuelto los tres que me quedaban”. Sorpresa. “No hay espacio para lo nuevo. Ya sabe”. Lo que no entra dentro del circuito comercial, se orilla. Y lo comercial es, por norma, literatura de bajo perfil. La pescadilla que se muerde la cola. ¿Estaría El Quijote de número uno en las listas de los más vendidos? ¿Encontraría Dostoyevski su hueco en las mesas más vistosas? ¿Ganaría Tolstoi el premio Planeta? Hagan sus apuestas. Y perdón por la generalización, pero no es mi culpa: la tesis lo exigía.

lunes, 11 de febrero de 2008

RECTA LOCURA

Quién está cuerdo y quién no a veces depende no del sujeto observado sino de los parámetros del que diagnostica; que son muchas las ocasiones en que la supuesta locura es atuendo de agudas disquisiciones. Uno de los tarumbas más conocidos, a fuerza de ser tratado durante generaciones, es D. Quijote, que por lo visto –por lo leído, más bien- es mucho más que un curioso caballero en pos de la gloria que le haga merecedor del amor de Dulcinea. No son pocas los lances que lo evidencian, pero sí cortamente famosos. De entre todos ellos, extraigo tres, que se enmarcan en los prolegómenos de la nueva y sorpresiva ocupación de Sancho como gobernante de la ínsula. Así le aconseja nuestro loco
  • Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo, has de poner lo ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey.
  • Mira Sancho: si tomas por medio a la virtud, y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que tienen príncipes y señores, porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.
  • Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.

Sinceramente, ¿quién no preferiría ser tenido por chiflado si a pesar de ello son sus juicios tan diáfanos y su criterio tan recto?

miércoles, 6 de febrero de 2008

RECUERDOS A MEDIA LUZ

Recuerdos a media luz, desde el ecuador del aula. Penumbra de cortinas cerradas y fluorescentes en descanso… esforzados hilillos que se abrían paso. Colores, los del Renacimiento. Desfile de arte sobre la pantalla, en barrido, de principio a fin. Recuerdo de Giotto atormentándome, culpándole de romper con el Medioevo, con sus composiciones diáfanas, de trazos limpios y, a veces, infantiles. Y Fra Angelico, que me obligó a firmar el armisticio, sin duda por obra del camino ya andado. Recuerdos de perfiles que no son y nuevas teorías de la pintura. Ahí estaba Ucello, jugueteando con la perspectiva –¡qué gran descubrimiento!- y los volúmenes. Los grandes maestros Da Vinci, Rafael y Miguel Ángel. El trueque de la candidez por el perfeccionamiento. Pintura de autor, nuevo concepto, nuevo estilo. Reminiscencias de hace dos días, saltando el ayer. Grecia, Roma… lo clásico. ¿Y los dolores de la Capilla Sixtina? También, también están ahí, alimentando la leyenda del genio italiano. La Virgen de las Rocas destacaba, más que la Gioconda, quizá porque nunca nos habían presentado. Las dudas del autor, sus pentimenti, lo elevaban, traslucían trabajo, esfuerzo, devoción. Gracioso resultó el encuentro con la selección griega de Filosofía, capitaneada por Sócrates, Platón y Aristóteles, en memorable escena recogida por Rafael. Casi se les escuchaba la conversación, disquisiciones que seguramente ya habíamos leído, tanto tiempo ha que tuvieron lugar. La Capilla Sixtina con olor a incienso… Recuerdos a media luz, desde el ecuador del aula.

lunes, 4 de febrero de 2008

SIMONE DE BEAUVOIR

Cuando el ser humano se abandona en manos de lo periférico, de lo cambiante, acaba por adorar a aquellas personas o ideas que, lejos de hacerles un bien, pervierten hasta lo más profundo su ser, tanto en su dimensión más íntima como en su peculiar modo de relación. Uno de los casos más llamativos es el de la popularidad y capacidad de arrastre que ha demostrado Simone de Beauvoir. Fue esta una señora que abanderó la lucha mal llamada feminista, aunque por la mujer hizo más bien poco, o nada. Y es que, en sintonía con Sartre, su dios particular, Beauvoir creía que mientras los hombres gozan de la trascendencia, las mujeres se quedan atrapadas en la inmanencia. Planteamiento que esta lumbreras solucionaba predicando que el hombre ha de ser el modelo de la mujer “moderna e independiente”. Primer patinazo: disfunción entre género y sexo.

Visto este planteamiento, que no puede interpretarse sino como quien tiene un problema consigo mismo y con el mundo, proseguimos por los tétricos parajes intelectuales de esta iluminada francesa. En su obra más famosa y celebrada, El segundo sexo, escribe “la maternidad condena a la mujer a una existencia sedentaria” y también, continuando por estos tortuosos caminos, perlas como “su cuerpo –el de la madre- es una fuente de vergüenza”; “a sus ojos le parece algo enfermo; es la enfermedad”; “la mujer es la víctima de su esclavitud menstrual”; “las glándulas mamarias, que se desarrollan en la pubertad, no juegan papel alguno en la economía individual de la mujer: pueden ser amputadas en cualquier momento de la vida”; y, para acabar esta macabra relación (aunque Beauvoir tiene muchas más), “las mujeres que disfrutan con el hecho de ser madres no son tanto madres como organismos fértiles, como aves con una alta producción de huevos, que parecen más que dispuestas a pacificar su libertad de acción a favor del funcionamiento de su carne”.


Es clamorosamente perturbador el pensamiento de esta mujer, de manera especial para la mujer misma. Su obra está escrita desde el desprecio al sexo femenino, punto de partida desde el que vomita y evidencia sus problemas personales. Sin embargo, lo más llamativo del caso es que, aún hoy, sigue siendo reverenciada por algunas mujeres que habiendo perdido el norte, deambulan por la vida patinando con la misma bilis que sale de sus bocas, dando un espectáculo en el que el espectador, sintiéndose atacado, se debate entre la impotencia y la más profunda de las penas.