RECTA LOCURA

Quién está cuerdo y quién no a veces depende no del sujeto observado sino de los parámetros del que diagnostica; que son muchas las ocasiones en que la supuesta locura es atuendo de agudas disquisiciones. Uno de los tarumbas más conocidos, a fuerza de ser tratado durante generaciones, es D. Quijote, que por lo visto –por lo leído, más bien- es mucho más que un curioso caballero en pos de la gloria que le haga merecedor del amor de Dulcinea. No son pocas los lances que lo evidencian, pero sí cortamente famosos. De entre todos ellos, extraigo tres, que se enmarcan en los prolegómenos de la nueva y sorpresiva ocupación de Sancho como gobernante de la ínsula. Así le aconseja nuestro loco
  • Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo, has de poner lo ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey.
  • Mira Sancho: si tomas por medio a la virtud, y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que tienen príncipes y señores, porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.
  • Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.

Sinceramente, ¿quién no preferiría ser tenido por chiflado si a pesar de ello son sus juicios tan diáfanos y su criterio tan recto?

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