AMOR EN LAS RUINAS

Cedo esta entrada a la magnífica reseña realizada por David Amado sobre Amor en las ruinas, libro de Walker Percy recientemente publicado en Ciudadela

¿Puede denominarse católica una novela en la que el protagonista escode su botella de Early Times e una gaveta repleta de miembros de plástico para suplir la impotencia masculina? Es más, ¿puede considerarse siquiera decente, cuado uno de los personajes es un ex cura apóstata que trabaja en la clínica Love controlando un ordenador orgásmico? ¿Se han vuelto locos el autor, su editor y quien escribe la reseña?

La respuesta a las dos primeras preguntas es afirmativa. A mí me parece que estamos ante una grandísima novela y que además es totalmente católica. Su tono es hilarante, del principio hasta el final, pero la caricatura que se hace no es de la fe, sino del hombre moderno, que vaga entre las ruinas buscando el amor sin acertar dónde encontrarlo. La sátira de Percy no es destructiva; podría decirse que desbroza el bosque de las incongruencias para despejar una salida en la que se salve el hombre.

Walter Percy (1916-1990), autor poco conocido por el público español está considerado como uno de los grandes escritores del siglo XX por la crítica de los Estados Unidos. En su biografía descubrimos algunas razones que le movieron a plantearse y a escribir sobre el sentido de la vida. Su padre se suicidó y su madre murió en un accidente de tráfico. ¿Qué condujo a su padre a tomar tal decisión? Walter Percy no dejaba de preguntárselo. A ello se unieron cinco años de convalecencia después de contraer una tuberculosis en el ejercicio de su profesión médica. Los pasó en la cama mientras la Guerra Mundial aumentaba sus preguntas. Es una época de lectura y reflexión que culminaría con su conversión al catolicismo en 1947.

Aunque decidió dejar la medicina y dedicarse a escribir, la fe le permitió una comprensión unitaria de la ciencia, el humanismo que le había inculcado su tío William Alexander Percy, con quien se había educado, y la teología. La síntesis que logra no deja de reflejarse en sus obras.

Amor en las ruinas, hace un acertadísimo diagnóstico del hombre moderno y su escisión. Percy ha elegido el camino de la sátira para construir su novela, y toda ella es tremendamente divertida. Al lector culto, sin embargo, no se le escaparán las influencias de grandes escritores como Toynbee o Tomás de Aquino. Parece que también conoce a fondo los existencialistas, con especial atención a Kierkegard y a Dostoievski. No sorprende, porque toda la novela trata del alma humana, que Percy toma en su desdoblamiento actual.

El Doctor Tom More, protagonista de la novela, ha inventado el Lapsómetro Ontológico Cualitativo-Cuantitativo, con la que puede leer en el alma de sus pacientes. Estos recuerdan al hombre posmoderno que busca armonías entre lo que no son más que desdoblamientos de su alma. Como él dice, su invento es “la primera esperanza para establecer un puente sobre la terrible grieta que ha desgarrado el alma del hombre occidental desde el tiempo en que el famoso filósofo Descartes estableció la separación del cuerpo y la mente y convirtió al espíritu en un fantasma que busca su propio hogar”.

Su invento, puede ser peligrosísimo si cae en malas manos, e incluso es posible que nos encontremos en la antesala del fin del mundo. Ambientada en el sur de los Estados Unidos, aparecen la novela conflictos raciales, experimentos de comunidades utópicas, huidas hacia espiritualidad de corte gnóstico,… que expresan el conflicto interior del hombre y la sociedad. En ese mundo que se deshace, en ruinas, el autor coloca a un antihéroe, esclavo de sus pasiones y carente de sentimiento de culpa. Pero, precisamente, no sentirla es lo que le hace caer en la cuenta de que pasa algo.

Esta novela de Percy, dentro del tono cómico y la trama de ficción, tiene un carácter profético. Pocas veces se ha dibujado con tanta exactitud, y atendiendo al escenario en que nos encontramos, que es tan ridículo como el que nos muestra el autor, el desquicie de una sociedad y un posible camino de salvación. Es la mejor propuesta de narrativa en lengua castellana que conozco en este momento. Vale la pena dedicar unas horas para compartir las aventuras de un médico que se nos presenta así: “Creo en Dios, pero en primer lugar me gustan las mujeres, después la música y la ciencia, después el whisky, luego, en cuarto lugar, Dios, y, por último, mis conciudadanos; aunque en estos últimos no creo casi nada”.

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