miércoles, 16 de enero de 2008

BROOKLYN FOLLIES


  • Un jubilado divorciado
  • Un ex prometedor estudiante, ex taxista, ex joven ilusionado
  • Una joven (hermana del anterior) con un hijo a cuestas, ex actriz porno, ex cantante, ex camarera, ex drogadicta.
  • Un bisexual divorciado, ex marchante de arte, ex presidiario,
  • Una joven esquizofrénica, hija del anterior.
  • Etc.

Son algunos de los personajes del bestseller de Paul Auster, Brookly Follies. Lo cierto es que el ánimo se rebela al correr de las páginas. Cada una de las revelaciones de estos personajes atrapados en la miseria es un golpe al núcleo de la fe y la razón. Todo recuerda a lo más bajo: su actuar, su ser tan desligado de su naturaleza, su anclaje en la realidad más fragmentada, su incapacidad de levantar la mirada. En el ambiente, en sus razonamientos, uno se asfixia y se topa con la panorámica más gris del ser humano. Son fracasos, en su mayoría, de la vida en sociedad, exponentes de un individualismo post-moderno, viciados poco a poco sin caer en la cuenta.

Desde luego que no es un libro para ensanchar el ánimo, por mucho que su autor pretenda aligerar el desarrollo con una prosa ágil, más propia de un guión de cine que de una novela. De hecho, puede probarse a entonar como lo haría Steve Martin en una de sus películas, y se verá como se lee de corrido.

Como dice un buen amigo, este es el tipo de autor que de seguro no será recordado en cien años. Quizá sea uno más de la lista dorada de bestsellers impuestos. Quizá.

5 comentarios:

Carlos de Bergerac dijo...

y quién será recordado dentro de cien años??

como diría un buen enemigo mio, Paul Auster es un de esos autores de su tiempo, que "refleja" la sociedad en la que le ha tocado vivir. Una sociedad corrompida por el individualismo extremo, que no es más que el individualismo que extermina al propio individuo.

Según Auster y otros muchos autores de nuestro tiempo, no hay futuro en el que creer. Yo creo que el futuro es de los que creen en él y yo creo en el futuro, y tú?

Eleazar dijo...

Si no hay futuro, no hay presente y el pasado nunca tuvo sentido. Y al revés, hay futuro para los que viven el presente, gracias al esfuerzo de los que pasaron antes. El desarraigo es un cáncer, imposibilita todo tipo de esperaza, desliga acción y responsabilidad. Creo en el futuro, por eso trabajo el presente y estudio el pasado. Todo nos habla de lo mismo.

Anónimo dijo...

Y estudiando el pasado nos damos cuenta de que no estamos viviendo un momento único, ya hubo épocas de crisis y desorientación, como la que nos está tocando vivir. No me gustan muchas cosas de nuestro presente,pero como le dice (más o menos) un protagonista a otro en una conocida novela:"No podemos elegir la época que nos toca vivir, sólo está en nuestras manos decidir qué hacer con el tiempo que se nos ha otorgado". También creo en el futuro.

Reglero dijo...

Tampoco a los que hoy llamamos clásicos les auguraban cien años de gloria. Y ahí están.

Juan Costa dijo...

Acabo de leer la novela y mi primera reacción es vista la exageración de los personajes que estaba ante un pastiche o melodrama pero no veo los golpes bajos por ninguna parte, concedo el beneficio de la duda al autor y pienso que exagera intencionadamente para poner en evidencia las novelas de caballerias de nuestro tiempo, los bestsellers.