miércoles, 15 de octubre de 2008

VILA-MATAS, POR FIN

He leído, por fin, a Vila-Matas. Dos libros: Bartleby y compañía y El Viento ligero en Parma. Este último es una compilación de artículos, apuntes y conferencias que, en general, me han gustado. He recogido unas cuantas ideas y pescado algún que otro autor.

Respecto a Bartleby y cía. no creo que pueda aportar nada nuevo que no se haya dicho ya. Vila-Matas es uno –si no el más- de los escritores más comentados, por lo que apenas queda un pequeño hueco para lo puramente subjetivo. ¿Y? Que me gustó, aunque es tal el volumen de información, que su lectura continuada puede resultar un tanto azarosa.

Valoro a Vila-Matas como escritor, pero no como novelista. Se pierde en su ego, que, desgraciadamente, el sitúa en su erudición literaria. Y es una lástima, porque en el fondo, no ansía transmitir, sino transmitirse sin ser transmitido. Sin embargo, cuando pretende ser novelista se pierde y cae en lo fácil, en lo previsible, en lo que no le distingue de otro escritor cualquiera como puede ser Millás. Está claro que en estos casos sus acciones se desploman. Así que, en lo que a mí me atañe y a partir de ahora, Vila-Matas sólo cotiza como ensayista.

viernes, 20 de junio de 2008

APUNTES NÓMADAS (RYSZARD KAPUSCINSKI)


Entresaco algunos párrafos interesantes:

El idioma español se caracteriza por una riqueza barroca, una especie de efecto rococó, colorida y cuajada de florituras, de juguetona imaginación y una fantasía inconmensurable.

Cuando recopilo material para un libro, me concentro en lo que podrían decir las personas. La mayor parte de las veces encuentro a mis héroes por casualidad, pero lo importante es su forma de expresarse, su mundo, su mirada, no los míos. Yo trato de permanecer en la sombra. Se trata de sus pensamientos, de sus visiones y reflexiones.

Siempre que se refiera a culturas foráneas, cada asunto requiere un cambio de estilo. Cualquier otra forma descriptiva resultará artificial. Hay que dar la impresión de que se escribe desde el interior de ese clima particular, de esa cultura o situación.

Comenzar un libro con buen pie significa para mí una frase descriptiva simple. Vivir otro día, mi reportaje sobre Angola, comienza con la sencillísima expresión: “Estuve viviendo tres meses en Luanda, el Hotel Tívoli”. No es posible eliminar aquí ninguna palabra, por eso la considero una frase modelo. Las frases deberían ser simples y la composición, polifónica.

lunes, 16 de junio de 2008

CONTRA DEL TOTALITARISMO SOCIOCULTURAL IMPERANTE

Guillermo Urbizu -escritor, crítico, poeta- escribió hace unos días un par de entradas en su blog que creo no tienen desperdicio. Me consta que ha sido criticado por ellas. Y es que, una vez más Guillermo, te has enfrentado al pensamiento único actual –el no pensamiento, vamos-. Dejo el link a los dos escritos para que quien quiera que pase por aquí, tenga la oportunidad de leer unos cuantos párrafos de sentido común y grandeza (la que acostumbra en todo lo que escribe). Ánimo Guillermo, gracias y un fuerte abrazo.


Estoy orgulloso de ser hijo de Dios

Erotismo y cristianismo


(Y con esta entrada me pongo una vez más el mundo por montera y les mando un saludo a todos los ingenieros sociales del progresismo recalcitrante que insisten en reducirnos a la carnalidad más fofa y manejable. Con cariño, siempre dispuesto)

jueves, 5 de junio de 2008

FERIA DEL LIBRO

A propósito de la Feria del Libro de Madrid, que este año tiene a los escritores hispanoamericanos como protagonistas, dedica El Cultural un amplio espacio para tomar el pulso a diez escritores del citado continente. Es interesante por descubrir la opinión que tienen de sí mismos.

Debate. Los narradores de las Américas se explican.

Relacionado asimismo con la Feria del Libro dejo también el discurso que en la inauguración pronunció Jorge Herralde, editor de Anagrama (venerado por escritores, libreros, editores, bloggeros y culturetas).

lunes, 2 de junio de 2008

INTERESANTES DECLARACIONES DE RUIZ ZAFÓN

Entresaco algunas declaraciones -interesantes, creo- de una reciente entrevista a Ruiz Zafón.

El supuesto mundillo literario es 1% literario y 99% mundillo. Uno entra en él, insisto, porque no tiene más remedio, porque quien tiene remedio, no entra.

Gente con ambición, oficio y talento ya prácticamente no está trabajando en literatura. Ésta se ha convertido en un gueto de mediocridad, de aburrimiento, de pretensión y de pose.

los lectores lo perciben rápidamente porque están muy por delante del comentario oficial de la crítica, ese búnker de los años setenta que se ha quedado clavado y al que la gente le ha pasado por encima.

En España vivimos en la burocratización, mediatización y mediocrización de la cultura, parece que la Administración nos haya de decir qué es la cultura. Hay una cantidad de consejos organizadores y subvencionadores brutal. Eso genera mediocridad.

(El texto completo lo podéis leer aquí)

viernes, 23 de mayo de 2008

RETRATOS TUDOR


Montacute House, impactante casa del periodo Isabelino, en Inglaterra, cobija entre sus paredes una exposición de retratos de mujeres de la época Tudor y Jacobina titulada “On the Nature of Women”, cuyo propósito es explorar la posición de la mujer y las ideas acerca de la misma en aquella sociedad.

Muchos de los paneles llevaban sin exponerse más de sesenta años y hubo que hacer una importante labor de investigación para recopilar toda la información posible sobre los retratos y la identidad de las representadas. A pesar del esfuerzo no todas se han podido identificar. Otras sin embargo, sí. Alguna incluso escondía algún secreto.

El retrato de Elizabeth Vernon es el mejor ejemplo. Lo primero que llama la atención es su posición en el cuadro; no es la acostumbrada en la época ya que está representada mirando a la izquierda, lugar destinado normalmente al varón. Después de realizar una radiografía al panel sobre el que está pintado el retrato se descubrió otro debajo que se cree representa a su marido, Henry Wriothesley, tercer conde de Southampton. El descubrimiento es importante, no sólo porque revela curiosos hábitos a la hora de realizar retratos en aquel periodo, sino también porque Wriothesley fue el único benefactor que hoy se conoce de Shakespeare.

(La exposición es producto del trabajo conjunto de la Universidad de Bristol, la National Portrait Gallery y la National Trust)

Madame de Pfuel


(Y aunque no lo haya dicho, Madame de Pfuel ha sido una de las protagonistas en este hallazgo. ¡Enhorabuena!)

lunes, 19 de mayo de 2008

Y ASÍ... ¿QUIÉN NO QUIERE SER BOHEMIO?

A mí aquel ambiente bohemio me pareció muy confortable. El único mal vestido y con las orejas sucias era Pujol, que comía con gran apetito y gran silencio. A pesar de esto, me enteré de que era rico. Guíxols mismo era hijo de un fabricante riquísimo. Iturdiaga y Pons pertenecían también a familias conocidas en la industria catalana. Pons además era hijo único, y muy mimado, según me enteré mientras él enrojecía hasta las orejas.

Extracto de Nada, de Carmen Laforet

martes, 13 de mayo de 2008

CLARA DE NINGUNA PARTE


Transcribo una reseña de Juan Ángel Juristo sobre el libro de Blanca García-Valdecasas, Clara de ninguna parte. Recomendadísimas ambas, crítica y obra.


La reedición de este libro de Blanca García Valdecasas – se publicó en Paza & Janés en 1986- nos viene que ni al pelo para reivindicar a una escritora que ha pasado los últimos años en esa suerte de limbo inexplicable donde van a parar aquellos escritores que no es ajustan a las modas del momento. La independencia feroz de que ha hecho gala, limitándose a escribir, quizá explique cierta inercia a dejarla de lado, paro no agota ni mucho menos el ominoso silencio hacia su significación como autora. Valga como muestra de este libro de relatos donde García Valdecasas hace gala de ese complejo de Robinson que según ella tiene que dominar el ejercicio del escritor: estar en una isla desierta y ser consciente de los escasos recursos de que uno dispone y saber aprovechar lo que la marea nos regala en al playa. Ni que decir tiene que la imagen no es sólo afortunada sino que define su modo de escribir. En estos relatos, se construyen vastas geografías que la autora conoce, Perú, Chile…, pero todo acontece en el tamiz de la memoria que precede al arrepentimiento, forjando un intimismo que trasciende la anécdota. El cuento que titula el volumen es modélico. Su comienzo, antológico.

viernes, 9 de mayo de 2008

AUSTER Y LOS "SIN ALMA" (DE NUEVO... LO QUISISTEIS)

Seguro que todos conocen alguna persona de esas mediocres, que no dan todo, calculando siempre no salirse de su conveniencia, atrapados por su propia existencia que ellos mismos se afanan en allanar. Personas que se asoman a la realidad de un modo escéptico, con aires de suficiencia o paternalistas incluso, agotadas en su ombliguismo, obtusos a la hora de cribar la paja del grano, cómplices de la vulgaridad. Que el mundo va mal… pues allá el mundo. Personas cuyas orejeras son el propio beneficio, dándole continuas vueltas a abstracciones por miedo a lo concreto, que les supera. Personas que se escudan en sus problemas, en su situación individual, en su carnalidad, al fin y al cabo. Seguro que conocen alguna persona de estas. Pues bien, para los que tanto se extrañan (miren los comentarios), así son las personas sin alma. Y sí, así son los personajes de Auster. Y por eso no me gusta.

lunes, 5 de mayo de 2008

UN MENSAJERO EN LA NOCHE

Hoy cuesta creer. En lo que sea. Estamos tan apegados a lo físico –mundano- que más allá de sus límites la certeza escasea y la confianza afloja. Parejo al descreimiento sobreviene una pérdida endémica de la capacidad de maravillarse. Que si no lo veo no lo creo, que si no le veo la explicación racional no es posible, que si no… Y así, una y otra vez, hasta que el cerco se ha estrechado tanto que asumimos el escepticismo como norma de vida. Sin embargo, fiarse de alguien es un ejercicio de lo más normal. Decir “te creo” o “me lo creo porque me lo ha dicho Fulanito” no deberían ser actitudes cada vez más extrañas. Si perdemos confianza, lo perdemos todo.

Albert Wensbourgh era un calavera. Atracó, robó a mano armada, intimidó, estafó, etc. Cumplió condena en las peores cárceles de Inglaterra y no esperaba de la vida nada más que cobrarse la ídem de quienes le traicionaron. Esa era la venganza que tenía planeada, su motivo para sufrir su condena. Sin embargo, sus planes no contemplaban todas las variables posibles. La noche de un primero de año se le apareció un ángel. Extrañado, pensó que era un sueño. Había perdido en vida toda posibilidad de trascendencia. Pero creyó. Luchó. Hizo el bien. Se convirtió. Recuperó la confianza olvidada… y quedó maravillado.

Le contó toda su vida a una periodista española, y ésta nos la contó a nosotros en un libro titulado Un mensajero en la noche, el cual recomiendo vivamente a todos. Especialmente a los escépticos que extraviaron su capacidad para maravillarse.

lunes, 28 de abril de 2008

¿QUIÉN ES NICOLÁS II?

“Pero… ¿Quién es Nicolás II?” En ese momento se paró la conversación entre un grupo de jóvenes universitarios, ingleses y españoles, todos estudiantes de postgrado. “Pues un Zar, el último Zar de Rusia.” “Ah, pero… ¿Qué es un Zar? ¿Y por que dejó de haberlos?”

Antes de nada, una aclaración. Con lo que voy a decir no pretendo hacer una crítica personal, ni tampoco tirar la primera piedra. Lo primero porque no creo que esa falta de conocimientos sea sólo culpa del individuo, sino que es consecuencia de una deficiencia asombrosa del sistema educativo (en este caso inglés). Lo segundo es porque desgraciadamente ni yo, ni mi generación estamos libres, en general, de ninguna falta en cuanto a educación se refiere.

Una vez entonado el mea culpa sólo una llamada a la reflexión. Alguien me dijo una vez que el sistema educativo anglosajón era el modelo a seguir, y una meta hacia la que deberíamos de caminar los españoles si queremos ser algo intelectualmente en el siglo XXI. Estoy de acuerdo en que es recomendable tomar nota en cuanto al nivel universitario se refiere, pero con cautela. Su sistema tiene ventajas incontables, pero hay que estudiar a fondo el sendero antes de empezar a andar, y no olvidar que también nos ha dejado mucho y muy importante nuestra tradición universitaria.

Pero de todas formas parece que el gran problema, y no importa el país del que se hable, reina en la educación primaria. “Es que si no vas por letras no ves nada de historia en el colegio”, decía la misma persona avergonzada, “ni siquiera te advierten de la importancia que tiene, que todo está conectado, y que necesitas esa base para entender muchas cosas.” Triste pero cierto. Y nosotros estamos ya en ese camino, empezando a correr, que nos tenemos que parecer todos mucho y cuanto antes mejor. Y nadie dice “calma”. A lo mejor era un buen momento para hacer un examen de conciencia, en plan globalizado, como nos gusta. Estamos intentando crear una Europa unida con una educación unida, ¿no habrá que replantearse las bases de esa educación?

La excesiva especialización, sobre todo desde los primeros años de formación, nos hace “útiles” socialmente, pero nos quita libertad. Las Humanidades, una rama degradada por su poca “productividad”, es lo que ayuda al hombre a entender lo que es, porque le enseñan lo que fue y hacia donde camina, y le da las herramientas necesarias para intentar comprender el mundo. Es nuestra responsabilidad luchar por una educación completa para las nuevas generaciones, en la que un abismo no separe a Ciencias y Letras sino que se sepa inculcar un conocimiento amplio y profundo, fruto del esfuerzo. ¿No os da miedo pensar que nuestros hijos puedan preguntar algún día, por ejemplo, qué fueron los campos de concentración nazis? ¿Y qué pasaba en ellos?

Madame de Pfuel

jueves, 24 de abril de 2008

QUEBRADURA


Atardecía, y las sombras conquistaban inexorablemente
la materia. La última puerta del pasillo, a mando derecha, estaba entornada, comunicando apenas el estudio con el resto de la casa. La lámpara que colgaba del techo, sencilla, permanecía apagada. Llamaba la atención una mesa, desplazada del centro hacía la ventana de dos hojas, en la pared contigua a la de la puerta. Entre mesa y ventanta una silla; sobre la silla Alfredo, que contemplaba casi toda la historia de occidente, atrapada tras los lomos de los libros que estaban en la estantería. Grecia, Roma (esplendor y caída), la Edad Media… y así hasta los contemporáneos, colocados de manera independiente al resto, como si se quisiera mostrar visualmente la quebradura. “Nadie cose remiendo de paño nuevo en un vestido viejo”. Y la ruptura fue. Sigue siendo.

Anochecía. Y Alfredo quedó dividido entre la luz del flexo y la penumbra. “Cada vez hay menos claridad”, pensó. Y en la estantería la brecha se hizo más patente.

lunes, 21 de abril de 2008

ENCUESTA

En un blog del ramo literario acaba de publicarse una encuesta sobre cuál es, a juicio de los lectores, el mejor narrador de la actualidad. Se daba la opción de elegir más de uno dentro de una lista cerrada de escritores. Los nombres que se daban eran los de: Paul Auster, Eduardo Mendoza, Claudio Magris, Enrique Vila-Matas, Ian McEwan, Mario Vargas Llosa, Haruki Murakami y John Maxwell Coetzee. Más allá de lo acertado de la relación –obviemente, deja a muchos fuera-, resultó que el más votado fue el primero de ellos, Paul Auster. No es la primera vez que escribo sobre este autor y lo cierto es que mi opinión no ha cambiado al respecto. Más bien al contrario, me reafirmo en ella, máxime cuando confirmé mis inquietudes hablando sobre el tema con entendidos en letras. Paul Auster, me dijeron, es un escritor que produce textos sin alma. Estoy completamente de acuerdo. Quizá por eso tenga hoy tanta aceptación…

martes, 15 de abril de 2008

¿ADÓNDE VAMOS?

(De un blog)

COMENTARIO 1. Hoy siento que me pesa toda la humanidad de mi ser. ¿Cómo poder deshacerse de esta carga? Escribo, y mientras las palabras surgen liberando mi espíritu soy capaz de alzar el vuelo. Gracias por esta entrada. Era el peldaño que esperaba.

COMENTARIO 2. Siento la misma experiencia kármica cuando escribo. También hay algún autor que opera de igual modo sobre mí, rompiendo cadenas que la rutina creó. Sobre todo, Paulo Coelho.

MODERADOR. Escribir es procurar liviandad a nuestra materia, a nuestro cuerpo de carnes y huesos. Así perfeccionamos nuestras imperfecciones. Debemos alcanzar una desinhibición total, acabar con toda atadura, soltar amarras.

COMENTARIO 3. He leído la entrada y los comentarios. Realmente no entiendo mucho de todo esto. Moderador, le explicas eso último a mi novio, lo de “alcanzar una desinhibición total, acabar con toda atadura, soltar amarras”, Gracias.

MODERADOR. Hola COMENTARIO 3. Creo que me has entendido mal. No quiero decir que tengas que romper la relación. Si a ti te gusta está bien. Los novios van y viene, no es bueno implicarse 100% en cada relación. La paz reside en la independencia.

COMENTARIO 2. Estoy de acuerdo. Además, todo está dentro de nosotros. Tan sólo debemos buscar en los sitios adecuados. Escribir ayuda a esa introspección kármica.

COMENTARIO 1. Hola COMENTARIO 3. En serio no entiendes nada? En qué siglo vives?

COMENTARIO 3. Cuántos de uds. han tenido unos padres que les quieran??? Alguno se casó???

MODERADOR. Estimado COMENTARIO 3. Espero cambies tu anterior entrada, si no lo haces será eliminada por contener posibles tintes retrógrados. Si no eres capaz de entender esto es que aún no te has liberado. La familia y el matrimonio son imposiciones que jamás elegimos. Aquí lo toleramos todo, pero no nos insultes con comentarios como ese.

(...)

Surje la pregunta... ¿adónde vamos?

jueves, 10 de abril de 2008

FORD MADOX FORD (1873 - 1939)

Importante intelectual de su tiempo, Ford estuvo ligado al mundo cultural en diferentes ámbitos. Vivió en Londres, París y en Estados Unidos rodeado de gente como Hemingway, James Joyce o Gertrude Stein. Como editor publicó a muchos de los grandes escritores del momento. También colaboró con su amigo Joseph Conrad en alguna de sus novelas. Interesado en el arte, se acercó puntualmente al Vorticismo, la vanguardia inglesa, pero como crítico se centró en el estudio de los Prerrafaelitas, dedicando especial atención a su abuelo, Ford Madox Brown, pintor cercano e influyente en el círculo. Brown no llegó a ser miembro formal del mismo pero fue pionero de su estilo. Curiosamente, su nieto tampoco perteneció formalmente al modernismo literario, pero también es considerado su fundador.

Fue un prolífico novelista y su trabajo está profundamente influido por la I Guerra Mundial. Una de sus novelas más conocidas, El Buen Soldado (1913), es de la etapa de preguerra. Técnicamente fue una obra innovadora por su estructura circular, la utilización de flash-backs, y cambios de puntos de vista. El narrador y protagonista vacía su conciencia y sus pensamientos, relatando una serie de acontecimientos y conversaciones con otros personajes sin ningún orden temporal o espacial. Esta descripción de lo que pasa por la mente humana está dentro de la nueva técnica literaria que se estaba desarrollando en la época. En el Impresionismo literario, profundamente relativista, la realidad no puede ser analizada, sólo se puede intuir; es una síntesis de sensaciones.

Ese vaciado de la mente se hace monótono y gris, no debido a falta de destreza literaria sino a la filosofía de fondo, y a su contenido; “Esta es la historia más triste jamás contada” son sus primeras líneas. Esporádicamente encontramos descripciones con toques pictóricos que olvidan el gris y colorean un poco la vida de los personajes. Se puede decir que aquellas obedecen a los únicos momentos de felicidad del desdichado protagonista.

Detrás de un argumento sin mayor complicación está implícita una profunda crítica social que se centra en la vacía vida de la aristocracia de primeros años del siglo XX, y en su concepto del matrimonio. Se refleja una alienación profunda del ser humano y un relativismo extremo que lleva al protagonista a vivir una vida carente de sentido. El pesimismo existencial que la novela transmite hace que cueste llegar hasta el final de sus páginas, en las que no se ve ni un atisbo de esperanza.

La novela es voz, no cabe duda, de un momento histórico. Tanto los protagonistas como el propio escritor están viviendo en la misma época y bajo las mismas delicadas circunstancias. La desorientación de los años de preguerra se siente en cada página. La aristocracia intentaba no respirar el aire enrarecido que impregnaba toda Europa y escapaba de ello, llevando una vida de ocio. Pero refugiarse en Balnearios lujosos no solucionaba el problema, y sus vidas acababan siendo el ejemplo más palpable de una crisis mundial que no tardaría en llegar.
Madame de Pfuel

martes, 8 de abril de 2008

VINIERON COMO GOLONDRINAS


Vinieron como golondrinas... y desde el principio se procuraron buena morada. Llegaron para quedarse, azarosas en la construcción de un nuevo nido que aún conservo, y al que acudo de cuando en cuando para entrever los augurios que trajeron. Voy con Bunny; y voy con Robert, un poco mayor. Pero sobretodo, voy con James, y junto a él busco en las profundidades una explicación, aunque siempre terminamos por reclamar un consuelo. Debemos acostumbrarnos a otro tipo de presencia. Se lo digo a James, y a Bunny, y a Robert. Y, seguramente, también me lo digo mí mismo.

Vinieron como golondrinas es una obra William Maxwell, publicada en Libros del Asteroide.

jueves, 3 de abril de 2008

VELÁZQUEZ EN EL SIGLO XIX

Whistler. El artista en su estudio. 1865-1866

En uno de los momentos de mayor esplendor inglés, cuando su gran imperio estaba forjándose, poco antes de que la reina Victoria llegara al poder, ciertos sectores de la sociedad británica miraron hacia España, que había estado en el fondo del saco del olvido prácticamente desde los tiempos en que vencieron a nuestra Armada.

Historiadores e intelectuales intentaban, mediante el estudio del pasado imperial español, sacar a la luz los errores que la potencia ibérica había cometido y evitar así que el incipiente imperio británico cayese en los mismos, y guiar sus pasos hacia una nueva era de esplendor. Pero la mayoría de la gente simplemente veía a España como un país lejano y exótico, con sus caminos infestados de bandidos y saqueadores, al que era mejor no acercarse.

Sólo algunos escritores, aventureros y pintores se sentían atraídos hacia ella por su conexión con el mundo oriental y por las peculiaridades de una cultura que pocos conocían. Gracias a estos últimos y también a la apertura del Museo del Prado, el arte español empezó a ser valorado más allá de los pirineos. No se pueden olvidar los saqueos franceses durante la Guerra de la Independencia y también la supresión de las órdenes monásticas que ayudaron a que nos quedásemos escasos de patrimonio cultural. Siempre se puede intentar ser positivo y pensar que “gracias” a eso el arte español, y sobre todo la escuela barroca, empezó a ser valorado fuera de nuestras fronteras.

Murillo fue el primero en la lista de éxitos, aunque pronto fue desbancado por Velázquez. Gracias, en parte, a la admiración que sentían por él los pintores franceses, sobre todo Manet y los americanos Whistler y Sargent, los británicos se empezaron a plantear que, si los franceses lo decían, a lo mejor Velásquez era, en efecto, un gran maestro. Los temas mitológicos del pintor, sus retratos de reyes e infantas, su espejo, su lienzo gigante, su pincelada y su realismo fascinaron a toda una generación de artistas británicos. El reflejo en la pintura bretona de principios de siglo XIX de una España con toques orientales, del sol, del baile y los moros fue cambiando, y descubrieron que había más profundidad, que el realismo y la técnica de Velásquez, al que el crítico inglés R.A.M Stevenson llamó el primer impresionista, eran también dignas de imitar.
Madame de Pfuel

lunes, 31 de marzo de 2008

"YO SÓLO SOY UN PUTO INTELECTUAL EUROPEO"

Lo he pasado estupendamente leyendo los comentarios escritos por una serie de jóvenes autores sobre ellos mismos. No se ponen de acuerdo sobre si son un grupo o no lo son; sobre los que están, dejan de estar, quieren estar y no están, o están y no quieren; sobre la pertinencia de una etiqueta que los diferencie de los más comerciales, etc.

La polémica surge a raíz de un artículo publicado en El Cultural de El Mundo en el que se engloba a algunos de ellos bajo la denominación Generación Nocilla (parece que les gusta más la expresión Generación AfterPop, feliz ocurrencia de Eloy Fernández Porta), en referencia al libro de Agustín Fernández Mallo Nocilla Dream. Un libro que nadie se atreve a definir, quizá por miedo a no encontrar nada definible, válido o susceptible de definición. La obra está compuesta de múltiples relatos que apenas guardan relación entre ellos. Se pretende –se ha pretendido- tenerla como un inicio o un exponente al menos de una nueva corriente basada en la fragmentación, en el retazo, en lo casual… Un tipo de literatura (perdón por la cursiva, pero uno ya se pierde ante la cantidad cosas que caben dentro de este saco) que, en palabras del propio Mallo,

“es, en efecto, una perversión del pop, una derivación metastásica y a lo mejor hasta hipertrofiada, o si se me permite hasta una perversión freak, pero muy muy freak. Me parece que en cierto modo todos los que hoy escribimos estamos ahí, ya que evidentemente nos empapamos de la “baja cultura pop” que nos rodea y la sublimamos o la utilizamos para hacer un producto de una supuesta “alta cultura pop” (si es que admitimos que a escribir libros hoy con referencias que el gran público no conoce se le podría llamar “alta cultura”)

Realmente interesante (nótese la fatal e incurable necesidad de usar términos transgresores, nunca falla). Estos mismos “inadaptados” (el término se lo confieren a sí mismos) se congratulan en sostener que “El pop ha muerto: lo que queda ahora es una reconstrucción de la alta cultura realizada a costa de sus ruinas". Así que, su empeño es la reconstrucción a base de ruinas culturales. Unas ruinas que más bien serán pedruscos, a juzgar por los primeros resultados. De todas formas no deja de ser divertido ver cómo se desneuronan intentando ser rompedores (o constructores, no se ofendan). Lean estas palabras del propio Mallo sobre su poesía:

“Para mi obra yo ya inventé un nombre, Poesía Postpoética, y de momento creo que sigo ahí. A lo mejor esa poesía postpoética es un subconjunto de lo afterpop, o a lo mejor viceversa, o a lo mejor nada tienen que ver, o a lo mejor son la misma cosa, no lo sé. En cualquier caso, creo que el término AfterPop habría que tomárselo en serio y darle un par de vueltas al asunto”

Es genial: Poesía Postpoética. Algo así como Hombre Posthumano o Arte Postartístico o Periodismo Postperiodístico o Algo Postalgo. Pero el colmo de la superación intelectual de estos jovenzuelos viene cuando se les pregunta por su razón de ser y responden (al menos lo he leído de dos de ellos) orgullosos eso de “yo sólo soy un puto intelectual europeo”. Sí, señor. Pero menos mal que son independiente, es decir, que viven orillados mal que les pese. La verdad es que bien mirado tiene su gancho eso del puto intelectual. Suena como muy transgresor, no sé, transmite carácter, fuerza, independencia. Quizá algún día me haga… Lo que no acabo de entender es eso de europeo. ¿Por qué europeo? ¿Por qué estancarte en un nivel intermedio? Coño, yo si fuera un puto intelectual, querría serlo a nivel mundial, que ya puestos… Pues eso.

martes, 25 de marzo de 2008

EL ESTUPOR Y LA MARAVILLA

Me decía que sentía la acuciante necesidad de traspasarse, que se encontraba cansado de mirar y tan sólo verse. De un tiempo a esta parte, confesaba angustiado en cierto modo por el recuerdo aún vívido de la reciente ausencia del mundo de los vivos, deseaba volver del destierro en las estepas de la ausencia. El pensamiento ido, ocupado en la obsesión de retornar, un día tras otro. Contaba que en los espacios se obligaba a apuntalar el mismo propósito de siempre; demasiado pesado, invariablemente terminaba por caer de nuevo al suelo, levantando un intenso polvo que se le metía en los ojos y no le dejaba ver, incluso después de frotárselos durante un buen rato. Tenía por lectura un buen libro, al que llegó por una crítica mucho mejor (seguramente la escribiera un amigo). El estupor y la maravilla, que así se llamaba, era la historia en primera persona de un vigilante de museo. Un museo expresionista. Un museo expresionista en primera persona, ¿existe una manera más terrible de sentirse desplazado? Y aunque en el libro encontraba perlas -pensamientos lúcidos- éstas no le salvaban del destierro. Él no es de los que va al desierto en busca de una cantimplora, aun estando ésta repleta de Möet Chandom. Así que, reconoció bajando la mirada, como si no fuera a comprenderle, dejó de leer; abandonó a Alois Vogel en una de las salas del museo y, enfilando la puerta, salió al exterior, a respirar aire nuevo. Quizá volviera, dentro de un tiempo, cuando la atrofia hubiera desaparecido.

Apuntaló de nuevo el propósito. Lo consiguió. Y vino corriendo a contármelo. Alois paseaba, mientras tanto, por una de las salas.

miércoles, 19 de marzo de 2008

ARTE Y BELLEZA

Cuando las dudas se abalanzan sobre uno con mayor rapidez de la que puede darles salida, respondiendo o esquivando, es inútil dar la espalda. Ahora me pregunto, porque muchos antes lo así lo hicieron, por el arte y la belleza. Y me acuerdo de un artista que no hace mucho se excusaba mientras presentaba su obra, -más allá de los ismos porque más acá quizá su talento no le permitiera instalarse- contraatacando con un ¿qué es el arte? a una petición para que explicara su obra.

Un hecho que me condiciona a pensar no muy benévolamente sobre la nula concepción artística contemporánea es la necesidad de echar mano de palabras huecas y pedantes para pretender una explicación de cierta obra. ¿Eran acaso necesarias para aprehender lo que Giotto, Velázquez, Murillo o Goya querían expresar? ¿Por qué ahora sí son necesarias? Es que hoy en día son necesarios decenas de críticos necesitados y periodistas adocenados para que un tal cualquiera se proclame artista. Y lo consigue. Claro que sí.

El arte y la belleza van -han de ir- de la mano. Por eso no es necesaria mayor explicación de un Velázquez más allá de las oportunas aclaraciones técnicas o pertinentes informaciones que hoy necesitamos, pero que probablemente un coetáneo del pintor rechazaría por obvias. No hay arte sin belleza, y la belleza está inscrita en la naturaleza humana, porque proviene del que Es. Por eso el arte es universal. No porque el marketing sí lo sea.

Otra cosa es que se alcancen cotas artísticas más elevadas en unas culturas que en otras. Exacto, (lo políticamente correctos que sigan leyendo, esto es para ellos) existen culturas superiores y culturas inferiores. Todos los hombres hemos sido creados con igual dignidad y amor, pero el desarrollo cultural ha avanzada más en algunos lugares que en otros. Donde más se ha desarrollado es obvio, en Occidente (no es menos cierto que la decadencia de las últimas décadas ha sido asimismo más acuciante). El piano de Mozart es una muestra de elevación cultural sobre el tambor aborigen. ¿Que por qué? Porque en él hay más belleza objetiva, más sintonía con la naturaleza humana y, por ende, con su Primera Causa, Dios.

Son muchos, muchos, los antropólogos, sociólogos e historiadores que se han molestado en proclamar la relatividad cultural, pregonando una absurda igualdad entre todas las culturas. Absurda porque en ningún momento se hace necesaria, ni lógica. Pero van más allá, apesadumbrados por una especie de sentimiento de culpa, y demonizan Occidente y toda su tradición. Así creen saldar una cuenta pendiente, criticando a sus padres, a su sociedad, a su cultura, en favor de una igualdad tan pretendida como artificiosa. Y dan pena.

Así pues, no hay arte sin belleza. Será otra cosa (originalidad, extravagancia, deseos de llamar la atención, pobreza intelectual, etc) pero nunca arte. Y dos, el arte, como la cultura, ha alcanzado cotas más altas en unas culturas que en otras.

martes, 18 de marzo de 2008

AVISO NOVELA MULTIENTRADA

Para un mejor seguimiento y lectura la novela ha sido trasladada a otro blog. La dirección es www.novelamultientrada.blogspot.com. Ahí podéis ver cómo va avanzando. Como alguno me ha mandado su aportación sin saber que ya había avanzado la trama, ruego la rehaga teniendo en cuenta lo avanzado en la dicha dirección.

Un saludo

jueves, 13 de marzo de 2008

COMIENZO DE UNA NOVELA

Este es el principio de una novela en línea. Es decir, cada uno puede continuarla como mejor considere. Se pueden hacer sugerencias o continuar escribiendo. ¿Cómo? Fácil, subiendo un comentario o mandando un mail a eleazars21@gmail.com. Los mails después los subiré al blog.
Como alguien tiene que empezar aquí dejo estas primeras líneas.
Ánimo.


En la soledad de una habitación, contenedora tan sólo de sombras, una mesa, una silla y un par de estantes repletos de piernas y brazos apilados, cabezas a medio peinar y algún que otro disfraz, se entretenía Juan Pedro todas las tardes, desde las cuatro, tras haber malcomido alguna lata de conservas. En un cuarto sin ventanas, la luz provenía de un pequeño flexo de mesa que alumbraba poco más que un metro cuadrado de materia, física o no, de la insana estancia. La atmósfera estaba siempre muy recargada al poco de entrar. Antes de su presencia tan sólo estaba cargada, merced al poco aire nuevo que entraba por los bajos de la puerta. El cigarro, de la boca al cenicero y viceversa, era parte de su cuerpo como evidenciaban unos dedos amarillos y unos dientes más opacos de lo normal. La mesa, amplia, soportaba el desorden de quien nada espera de la vida y se entrega a la desesperada labor de ver cómo van cayendo los granitos de arena por las estrecheces del reloj; de alguien que se alimenta por costumbre, que duerme por desgana; un ser asocial, ajeno al significado de la esperanza, aislado tras su piel. En su cara siempre la misma barba varios días persistente, no por dejadez sino porque desde la adolescencia -¿dónde queda?- se le irritaba la piel durante cada afeitado. Fue, en su tiempo, al dermatólogo, aprovechando un quiste, sebáceo le diría el especialista, que se le impuso en la espalda. Después de mirarle el insolente bulto –menos mal que estaban en febrero y no había piscina a la que ir- José Pedro aprovechó el momento. “No me puedo afeitar”, comenzó, “se me irrita la piel nada más empiezo”. El médico, que era muy reputado en su campo, siguió a lo suyo, escribiendo sin escucharle en una hoja tamaño cuartilla en la que ya estaba impreso su nombre y dirección de la consulta. Al acabar interpretó sus jeroglíficos. “Aplícate esto una vez al día –aquí señaló una palabra- con una gasa por el quiste –Juan Pedro alternaba la mirada entre la del propio médico, la cuartilla y el saltarín bolígrafo de plata- durante una semana –no es mucho, pensó el enquistado- y después vuelves a que te vea”. Ahora le avanzó la cuartilla, se levantó y le alargó la mano, esperando la de su paciente para estrecharla. Cuando ya estaba Juan Pedro para enfilar la puerta le dijo “De lo de la piel de la cara pregunta en la farmacia por alguna crema especial”. Pero no acabó por preguntar nunca y el consejo del reputado dermatólogo cayó en saco roto, yendo a morir sus palabras al cementerio del olvido. Así pues, la barba siguió creciendo y él siguió rasurándola una vez por semana, periodo suficientemente extenso como para que su piel no sufriera en demasía.

Ocupaba un piso de las afueras, dos habitaciones, cocina y salón. El segundo B. En el A vivían los Tortuera y, al otro lado de la escalera de servicio, un joven informático recién emancipado y un matrimonio, señor y señora Calvez, con su hijo. Con ellos sólo hablaba lo estipulado en el contrato tácito del buen vecino, es decir, del frío en invierno, del tremendo calor en verano y, alguna vez que se sentía expandido y locuaz, de lo cara que está la vida. Aunque le importaba una mierda cualquiera de estas cosas. En invierno se abrigaba, en verano ponía el aire acondicionado y a finales de mes cobraba más de lo que podía gastar, por lo que consideraba aquellas conversaciones simplemente como obligadas en el paso de una puerta o en la espera del ascensor. Pero nunca se quejaba, ni se alejaba refunfuñando, tan sólo dejaba que pasaran las cosas.

(Para ser continuado por vosotros)

martes, 11 de marzo de 2008

MAMÁ, QUIERO SER SEXY

Un interesante artículo de la escritora y articulista Carmen Posadas

Los médicos han dado la voz de alarma pero de momento nadie les hace demasiado caso: la infancia de nuestros hijos es, a los efectos, tres o cuatro años más corta de lo que fue la nuestra. El fenómeno no por curioso deja de ser inquietante. Las niñas, por ejemplo, ya no quieren jugar con plastilina o montar en bici, lo que quieren es bailar como Shakira, vestirse como Paulina Rubio y tener el pelo de Beyoncé. Lo malo es que también pretenden hacerse piercings, usar minifalda y tener “novio”. Pero el fenómeno va aún más allá.

Hace unos meses muchos pusieron un grito en el cielo por un anuncio de Armani en el que aparecían dos niñas asiáticas de seis o siete años maquilladas y vestidas de tal guisa que parecían un reclamo procaz que incitaba al turismo sexual. El anuncio fue retirado y la firma se disculpó pero a nadie se le escapa que la publicidad lo que hace es mirarse en el espejo de la sociedad y utilizar rasgos que ya existen en ella. Dicen los especialistas que la alimentación actual y la obesidad infantil adelantan la pubertad de modo que hoy las niñas y los niños se desarrollan antes; pero no solo se trata de eso.

En la oscarizada película Little Miss Sunshine puede verse cómo una familia de clase media hace todo tipo de locuras para que su niña de seis años llegue a tiempo de tomar parte en un concurso de belleza infantil en el que las participantes (maquilladas, peinadas y siliconadas) resultan ser la versión bonsái de Britney Spears o la tonta de Paris Hilton. El fenómeno no se limita a las niñas, los chicos también reclaman su acceso precoz a la feria de vanidades: uno pide que le hagan mechas rubias en el pelo, otro quiere un pendiente en la oreja y todos reclaman un piercing o un tatuaje. Según los expertos, el problema no es únicamente que con esta tendencia se les esté robando a unas y otros una etapa tan fundamental en la vida de todo ser humano como la niñez. El mayor problema reside en que la evidente erotización de la infancia eleva los riesgos de sufrir alteraciones de conducta, enamoramientos frustrados y por supuesto trastornos alimentarios tan temidos como la anorexia. Los medios de comunicación, la publicidad y los modelos a imitar (cantantes infantiles y demás monstruitos) potencian dicho fenómeno desde una edad tan temprana que los chicos no están formados para asumirla. En otras palabras, la sexualidad precoz acaba por eclipsar diversos aspectos importantes de la personalidad y se convierte en el único baremo válido para juzgar a alguien. Cada época tiene sus excesos y sus absurdos.

Cuando yo era niña, las chicas usábamos vestiditos de nido de abeja y los chicos pantalón corto hasta que las hormonas hacían de las suyas y a nosotras nos apuntaba el pecho y a ellos les crecían pelos en las piernas. Tal vez entonces, años recatados aquellos, se alargaba tontamente la infancia pero lo cierto es que tenía su encanto. Aún recuerdo mi primer lápiz de labios comprado a escondidas (trece años) y mis primeros zapatos de tacón (cerca de los catorce). Era yo por tanto una anciana comparada con estas lolitas actuales que andan ya pidiendo guerra a los ocho y que, probablemente, ni siquiera recuerdan cómo comenzaron en tales lides. Los distintos ritos iniciáticos –desde el bar-mitzva de los judíos a los tatuajes de los adolescentes maoríes, por ejemplo–, servían antaño para marcar la frontera entre la edad infantil y la adulta a los doce o trece años. Naturalmente no voy a ser tan retrógrada (ni tan ilusa) de pedir que volvamos a ellos, tampoco de que regrese la deliciosa posibilidad que tuvimos nosotros de ver cómo nuestra infancia se disolvía poco a poco hasta convertirse en adolescencia. Lo único que pretendo al señalar el fenómeno es alertar a ciertos padres que parecen encantados de que sus niños y niñas sean tan precoces. Pienso que sería mejor que los ayudasen a vivir y a disfrutar de su infancia un poco más y que les explicasen que ya tendrán tiempo harto suficiente de ser sexys, de enamorase y por supuesto de llorar y sufrir por amor. Ayudarles, en definitiva, a que nadie ni nada les robe la infancia porque es, todos los viejos lo sabemos, posiblemente la etapa más feliz de la vida.

viernes, 7 de marzo de 2008

AMOR EN LAS RUINAS

Cedo esta entrada a la magnífica reseña realizada por David Amado sobre Amor en las ruinas, libro de Walker Percy recientemente publicado en Ciudadela

¿Puede denominarse católica una novela en la que el protagonista escode su botella de Early Times e una gaveta repleta de miembros de plástico para suplir la impotencia masculina? Es más, ¿puede considerarse siquiera decente, cuado uno de los personajes es un ex cura apóstata que trabaja en la clínica Love controlando un ordenador orgásmico? ¿Se han vuelto locos el autor, su editor y quien escribe la reseña?

La respuesta a las dos primeras preguntas es afirmativa. A mí me parece que estamos ante una grandísima novela y que además es totalmente católica. Su tono es hilarante, del principio hasta el final, pero la caricatura que se hace no es de la fe, sino del hombre moderno, que vaga entre las ruinas buscando el amor sin acertar dónde encontrarlo. La sátira de Percy no es destructiva; podría decirse que desbroza el bosque de las incongruencias para despejar una salida en la que se salve el hombre.

Walter Percy (1916-1990), autor poco conocido por el público español está considerado como uno de los grandes escritores del siglo XX por la crítica de los Estados Unidos. En su biografía descubrimos algunas razones que le movieron a plantearse y a escribir sobre el sentido de la vida. Su padre se suicidó y su madre murió en un accidente de tráfico. ¿Qué condujo a su padre a tomar tal decisión? Walter Percy no dejaba de preguntárselo. A ello se unieron cinco años de convalecencia después de contraer una tuberculosis en el ejercicio de su profesión médica. Los pasó en la cama mientras la Guerra Mundial aumentaba sus preguntas. Es una época de lectura y reflexión que culminaría con su conversión al catolicismo en 1947.

Aunque decidió dejar la medicina y dedicarse a escribir, la fe le permitió una comprensión unitaria de la ciencia, el humanismo que le había inculcado su tío William Alexander Percy, con quien se había educado, y la teología. La síntesis que logra no deja de reflejarse en sus obras.

Amor en las ruinas, hace un acertadísimo diagnóstico del hombre moderno y su escisión. Percy ha elegido el camino de la sátira para construir su novela, y toda ella es tremendamente divertida. Al lector culto, sin embargo, no se le escaparán las influencias de grandes escritores como Toynbee o Tomás de Aquino. Parece que también conoce a fondo los existencialistas, con especial atención a Kierkegard y a Dostoievski. No sorprende, porque toda la novela trata del alma humana, que Percy toma en su desdoblamiento actual.

El Doctor Tom More, protagonista de la novela, ha inventado el Lapsómetro Ontológico Cualitativo-Cuantitativo, con la que puede leer en el alma de sus pacientes. Estos recuerdan al hombre posmoderno que busca armonías entre lo que no son más que desdoblamientos de su alma. Como él dice, su invento es “la primera esperanza para establecer un puente sobre la terrible grieta que ha desgarrado el alma del hombre occidental desde el tiempo en que el famoso filósofo Descartes estableció la separación del cuerpo y la mente y convirtió al espíritu en un fantasma que busca su propio hogar”.

Su invento, puede ser peligrosísimo si cae en malas manos, e incluso es posible que nos encontremos en la antesala del fin del mundo. Ambientada en el sur de los Estados Unidos, aparecen la novela conflictos raciales, experimentos de comunidades utópicas, huidas hacia espiritualidad de corte gnóstico,… que expresan el conflicto interior del hombre y la sociedad. En ese mundo que se deshace, en ruinas, el autor coloca a un antihéroe, esclavo de sus pasiones y carente de sentimiento de culpa. Pero, precisamente, no sentirla es lo que le hace caer en la cuenta de que pasa algo.

Esta novela de Percy, dentro del tono cómico y la trama de ficción, tiene un carácter profético. Pocas veces se ha dibujado con tanta exactitud, y atendiendo al escenario en que nos encontramos, que es tan ridículo como el que nos muestra el autor, el desquicie de una sociedad y un posible camino de salvación. Es la mejor propuesta de narrativa en lengua castellana que conozco en este momento. Vale la pena dedicar unas horas para compartir las aventuras de un médico que se nos presenta así: “Creo en Dios, pero en primer lugar me gustan las mujeres, después la música y la ciencia, después el whisky, luego, en cuarto lugar, Dios, y, por último, mis conciudadanos; aunque en estos últimos no creo casi nada”.

martes, 4 de marzo de 2008

DISYUNTIVA

En la amenidad que proporciona la rutina, tantas veces vivida que ya conocemos sus puntos débiles, es fácil encontrar esas pequeñas motivaciones para alcanzar la siguiente posta. Por los más pequeños resquicios de la pesada puerta de siempre entra el aire y, por muy pequeña que sea la abertura en la piedra, siempre cabe una pequeña luminosidad astral. La rendija y la abertura son lo mismo, y lo mismo animan. La habitación cerrada, la rutina, se aparece como prisión y por la roca –dura, áspera- sabemos dónde empieza y donde termina nuestro suceder. Claro que muchos dirán que se puede tirar la puerta y que las paredes no son más que representaciones de la interioridad y que, si se desea, todo aquello desaparece, que la vida es para vivirla, y que es posible volar alto y remar mar adentro. Y sí, es posible. Pero a veces uno quiere remar cuando está en tierra, y el esfuerzo es inútil, y en su memoria -ese armario desordenado y traicionero en el que nunca sabes que encontrarás al abrirlo- se almacena esa prenda pasajera de la vida, esperando el momento en el que habrá de estar dispuesta a retomar protagonismo. A saber cuándo.

Pero lo cierto es que ni la luz de una rendija alumbra lo suficiente ni la ventilación es posible a fuerza del poco aire que se cuela por la abertura, así que o se demuda el esquema o se fenece en su plasmación. La disyuntiva es evidente. Y ni uno es el primero en el duelo ni el último en la victoria, que gracias a Dios hay sobrados ejemplos, tanto en el pasado como en rededor de cada cual.

lunes, 3 de marzo de 2008

OSCAR WILDE

"Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla"

jueves, 28 de febrero de 2008

WILLIAM F. BUCKLEY JR.


Ayer, 27 de febrero de 2008, a los 82 años de edad, falleció William F. Buckley Jr. Será recordado por su incansable actividad literaria y periodística -realizada con descaro y señorío- y por su carácter optimista y emprendedor. Fue el fundador de la revista National Review, a través de cuyas páginas se logró la articulación, y hasta cierto punto unidad, del hasta entonces disperso movimiento conservador estadounidense. Escribió cientos de artículos, medio centenar de libros y llegó a ser uno de los presentadores más famosos de la historia de la televisión americana.

William F. Buckley luchó siempre contra el pensamiento único, pretendido por la cultura de izquierdas, y fue de continuo un convencido favorecedor del debate tanto intelectual como político. En todo momento se mostró de parte del sentido común, renegando de los vientos utópicos y las cortinas de humo tan frecuentes desde los sesenta. Fue un enamorado de lo concreto y un defensor de la persona como sujeto valioso en sí mismo, como miembro de la sociedad y participante de la Creación, oponiéndose enérgicamente, con estilo y gracejo, a esquemas reduccionistas y apriorismos ideológicos.

Ciertamente, hay algunos hombres, dispersos por la historia, encargados abrir nuevos surcos que eviten que el agua se estanque. Buckley fue uno de ellos y detrás de él no vino un riachuelo, sino todo un torrente. Ayer le llegó la hora del merecido descanso. Seguro que habrá de ser en paz.

lunes, 25 de febrero de 2008

HARRY POTTER

Todas las semanas estoy pendiente de leer la última entrada escrita por Urbizu en su blog Los libros y los días. Me gusta el modo que tiene de enfocar la literatura, la criba de títulos, la explicación de los pareceres y el mismo modo de expresarse, que aun con ínfulas literarias no es pretencioso ni artificial. Consigue Urbizu abrir camino para neófitos como el que ahora escribe, a la vez que, sin otorgarle patente exclusiva, se ejercita a mi modo de ver como faro en la espesa niebla de la novedad editorial. Esto es, en fin, que leo con gusto todo lo que escribe y, en leyéndolo, me complazco en haber aprovechado los escasos minutos que me lleva.

Sin embargo, disiento de su último comentario, panegírico de la postrera entrega de Harry Poter (Harry Potter y las reliquias de la muerte (una perspectiva)), quizá porque abusa del tópico, quizá porque diverjo de fondo con el menester e importancia que se le ha otorgado a la obra de J. K. Rowling. Ensalza Urbizu la encomiable tarea imaginativa de toda la saga, maravillándose de que tal derroche “requiere de un aprendizaje y de una pedagogía” que, a su juicio, conducen a “algo mejor”. No es por restar mérito ni desdeñar el trabajo de esta inglesa, pero para un mejor entendimiento de mi crítica, lo confrontaré con otras dos sagas de sendos compatriotas suyos: El Señor de los Anillos de Tolkien y Las crónicas de Narnia de Lewis. La diferencia fundamental está en el planteamiento antropológico, pues mientras estas dos últimas están evidentemente abiertas a la trascendencia, la de Rowling se agota en la recreación de su mundo, en las aventuras y desgracias del joven Potter, epicentro de toda la trama, medida del bien y del mal, y acaparador de un pobre mesianismo reparador. Un fondo demasiado estrecho para tantas lisonjas.

Cuestión más discutible es la referente al “impulso tremendo para la lectura” que ha supuesto la saga potteriana. Aquí el tiempo dirá, pero por ahora me inclino más a pensar como una librera que comentaba este fin de semana que el fenómeno editorial inglés no es más que pasajero, hijo de la moda y deudor de lo efímero. Veremos.

viernes, 22 de febrero de 2008

CARLOS ARNICHES

Cada vez que oigo una expresión chulesca, castiza, me acuerdo siempre de Carlos Arniches, el escritor que mejor ha conseguido plasmar este deje madrileño. Hace años que leí su recopilación de sainetes en Del Madrid castizo, una obra en la que es imposible (sobre todo si se es gato, digo yo) no acabar doblado por la risa, bien por las situaciones, bien por el expresarse de los personajes.

Ocurre que muchos textos de la literatura -los buenos y bien escritos- traen pareja una musicalidad que en ocasiones es identificable; en el caso de los sainetes, el chotis y la música de organillo prenden tras la primera palabra. Algunos, los menos imaginativos, se quejan de que recuerda a Concha Velasco en La verbena de la Paloma… ya, pues el hijo de mi jefe dibujó una niña en un papel y a alguno le recordó a La Gioconda.

Arniches (1866-1943) no pretendió ser grave ni obtuso, ni buscó la gloria por los derroteros de la seriedad y el academicismo. Nada más lejos, su mayor contentamiento era escuchar las risas del público durante las representaciones de sus obras. No lo digo yo, él mismo aseguraba que su pretensión era “hacer pasar unas horas de risa a los buenos espectadores [...] que tanto se merecen un poco de solaz y esparcimiento”. Y lo conseguía, sin ser burdo o zafio… y sin cobrar ningún tipo de canon.

lunes, 18 de febrero de 2008

Cuando llueve en domingo y tú estás solo

Cuando llueve en domingo y tú estás solo,
completamente solo,
abierto a todo, pero no llega ni el ladrón
y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo;
cuando llueve en domingo mientras tú estás abandonado
y no comprendes cómo vivir sin cuerpo
y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo;
cuando llueve en domingo y, solo, no eres más que tú,
¡no esperes ni hablar contigo mismo!
Entonces el ángel es el único que sabe
lo que hay encima de él,
entonces el diablo es el único que sabe
lo que hay debajo de él.

El libro sostenido, el poema al caer...

Vladimir Holan

viernes, 15 de febrero de 2008

DOSTOYEVSKI, DE NUEVO

Por caprichos del destino, pues no busqué en ningún momento la coincidencia, he leído últimamente tres libros de autoría rusa. ¡Qué distinto es el relatar eslavo del más propiamente occidental, qué diferencias en el enfoque, en el desarrollo, en el posicionamiento del propio autor, que no narra sino lo que pasa por su interior! Dos de los tres libros son de Dostoyevski. Con éstos ya son varios los títulos que de este autor he leído. Me gustan mucho, pero suelo acabar los libros cansado, un tanto exhausto. Dostoyevski no inventa situaciones imaginarias, ni mundos artificiales. No es mago de conejo y chistera. Todo lo contrario. En cierto modo, sus obras son un continuo recordar, entendido éste como “volver a pasar por el corazón” (recordar, de cor, cordis), por lo que los artificios lingüísticos no tienen lugar en sus textos. Los que podríamos confundir o los que pueden identificarse como tales no son más que la elegancia que siempre viste a la sencillez. Es notorio que en cada uno de sus libros permanece una gran parte del autor, atrapado en sus propias palabras. Lejos de ser un industrial de la literatura, se implica en cada obra, siempre con un fin, con un anhelo, de igual modo que en la vida. Al leerle se puede tener la sensación de que todo transcurre muy despacio, que falta acción, que sobran párrafos enteros. Ésa es su grandeza. Va desvelando la verdad de sus personajes poco a poco, perforando la superficialidad con las palabras, dejando que sus dudas, sus acciones y sus pensamientos transcurran naturalmente, y recorran así el camino necesario –a veces penoso- que haya de conducirles hacia la definición. Llegados a ese punto la novela se acaba. No tiene sentido, pensaría, el artificio que se agota en sí mismo.

miércoles, 13 de febrero de 2008

GENERALIZACIONES

No es cuestión de generalizar, porque normalmente terminan por entreverarse en el mismo rebaño cabras con ovejas, pero la brevedad del espacio y la avidez del receptor por manejar una tesis rápidamente, a ser posible sencilla y con trazas de evidencia, obligan a ello. Por eso, la carnaza primero, para contento de unos y destrozo del texto. Es norma de la actualidad, generación acostumbrada -¿obligada?- a lo inmediato. Literatura de acción, de giros, de situaciones inverosímiles, de personajes cada vez más fantásticos, menos comunes, menos corrientes, ya sea por sus vidas, ya por sus anhelos. Hados imprevisibles, acciones que atrapan, rápidos diálogos, brillantes o mezquinos, normalmente improbables. Bestsellers de kiosco de aeropuerto, del VIPS de turno, de opencores. Acomodaciones de la historia a la trama, estrecheces en el planteamiento, superficialidad psicológica, explotación del tópico. Ausencia de lectura reposada. Novedad, novedad, novedad. Libreros agotados de cambiar escaparates. “Disculpe ¿qué título? Sí, muy bueno. Déjeme comprobar. Lo siento, es del mes pasado, he devuelto los tres que me quedaban”. Sorpresa. “No hay espacio para lo nuevo. Ya sabe”. Lo que no entra dentro del circuito comercial, se orilla. Y lo comercial es, por norma, literatura de bajo perfil. La pescadilla que se muerde la cola. ¿Estaría El Quijote de número uno en las listas de los más vendidos? ¿Encontraría Dostoyevski su hueco en las mesas más vistosas? ¿Ganaría Tolstoi el premio Planeta? Hagan sus apuestas. Y perdón por la generalización, pero no es mi culpa: la tesis lo exigía.

lunes, 11 de febrero de 2008

RECTA LOCURA

Quién está cuerdo y quién no a veces depende no del sujeto observado sino de los parámetros del que diagnostica; que son muchas las ocasiones en que la supuesta locura es atuendo de agudas disquisiciones. Uno de los tarumbas más conocidos, a fuerza de ser tratado durante generaciones, es D. Quijote, que por lo visto –por lo leído, más bien- es mucho más que un curioso caballero en pos de la gloria que le haga merecedor del amor de Dulcinea. No son pocas los lances que lo evidencian, pero sí cortamente famosos. De entre todos ellos, extraigo tres, que se enmarcan en los prolegómenos de la nueva y sorpresiva ocupación de Sancho como gobernante de la ínsula. Así le aconseja nuestro loco
  • Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo, has de poner lo ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey.
  • Mira Sancho: si tomas por medio a la virtud, y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que tienen príncipes y señores, porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.
  • Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.

Sinceramente, ¿quién no preferiría ser tenido por chiflado si a pesar de ello son sus juicios tan diáfanos y su criterio tan recto?

miércoles, 6 de febrero de 2008

RECUERDOS A MEDIA LUZ

Recuerdos a media luz, desde el ecuador del aula. Penumbra de cortinas cerradas y fluorescentes en descanso… esforzados hilillos que se abrían paso. Colores, los del Renacimiento. Desfile de arte sobre la pantalla, en barrido, de principio a fin. Recuerdo de Giotto atormentándome, culpándole de romper con el Medioevo, con sus composiciones diáfanas, de trazos limpios y, a veces, infantiles. Y Fra Angelico, que me obligó a firmar el armisticio, sin duda por obra del camino ya andado. Recuerdos de perfiles que no son y nuevas teorías de la pintura. Ahí estaba Ucello, jugueteando con la perspectiva –¡qué gran descubrimiento!- y los volúmenes. Los grandes maestros Da Vinci, Rafael y Miguel Ángel. El trueque de la candidez por el perfeccionamiento. Pintura de autor, nuevo concepto, nuevo estilo. Reminiscencias de hace dos días, saltando el ayer. Grecia, Roma… lo clásico. ¿Y los dolores de la Capilla Sixtina? También, también están ahí, alimentando la leyenda del genio italiano. La Virgen de las Rocas destacaba, más que la Gioconda, quizá porque nunca nos habían presentado. Las dudas del autor, sus pentimenti, lo elevaban, traslucían trabajo, esfuerzo, devoción. Gracioso resultó el encuentro con la selección griega de Filosofía, capitaneada por Sócrates, Platón y Aristóteles, en memorable escena recogida por Rafael. Casi se les escuchaba la conversación, disquisiciones que seguramente ya habíamos leído, tanto tiempo ha que tuvieron lugar. La Capilla Sixtina con olor a incienso… Recuerdos a media luz, desde el ecuador del aula.

lunes, 4 de febrero de 2008

SIMONE DE BEAUVOIR

Cuando el ser humano se abandona en manos de lo periférico, de lo cambiante, acaba por adorar a aquellas personas o ideas que, lejos de hacerles un bien, pervierten hasta lo más profundo su ser, tanto en su dimensión más íntima como en su peculiar modo de relación. Uno de los casos más llamativos es el de la popularidad y capacidad de arrastre que ha demostrado Simone de Beauvoir. Fue esta una señora que abanderó la lucha mal llamada feminista, aunque por la mujer hizo más bien poco, o nada. Y es que, en sintonía con Sartre, su dios particular, Beauvoir creía que mientras los hombres gozan de la trascendencia, las mujeres se quedan atrapadas en la inmanencia. Planteamiento que esta lumbreras solucionaba predicando que el hombre ha de ser el modelo de la mujer “moderna e independiente”. Primer patinazo: disfunción entre género y sexo.

Visto este planteamiento, que no puede interpretarse sino como quien tiene un problema consigo mismo y con el mundo, proseguimos por los tétricos parajes intelectuales de esta iluminada francesa. En su obra más famosa y celebrada, El segundo sexo, escribe “la maternidad condena a la mujer a una existencia sedentaria” y también, continuando por estos tortuosos caminos, perlas como “su cuerpo –el de la madre- es una fuente de vergüenza”; “a sus ojos le parece algo enfermo; es la enfermedad”; “la mujer es la víctima de su esclavitud menstrual”; “las glándulas mamarias, que se desarrollan en la pubertad, no juegan papel alguno en la economía individual de la mujer: pueden ser amputadas en cualquier momento de la vida”; y, para acabar esta macabra relación (aunque Beauvoir tiene muchas más), “las mujeres que disfrutan con el hecho de ser madres no son tanto madres como organismos fértiles, como aves con una alta producción de huevos, que parecen más que dispuestas a pacificar su libertad de acción a favor del funcionamiento de su carne”.


Es clamorosamente perturbador el pensamiento de esta mujer, de manera especial para la mujer misma. Su obra está escrita desde el desprecio al sexo femenino, punto de partida desde el que vomita y evidencia sus problemas personales. Sin embargo, lo más llamativo del caso es que, aún hoy, sigue siendo reverenciada por algunas mujeres que habiendo perdido el norte, deambulan por la vida patinando con la misma bilis que sale de sus bocas, dando un espectáculo en el que el espectador, sintiéndose atacado, se debate entre la impotencia y la más profunda de las penas.

jueves, 31 de enero de 2008

JUAN MESEGUER

Claro que situar al comienzo de un poemario diez líneas de Ernesto Sábato sobre el compromiso y la donación, junto a unos versos escogidos de Octavio Paz que viven angustiados, que expresan la agonía de un gerundio sin ser, es en toda regla una clave acertada y necesaria para leer la partitura. Porque Bancos de arena (primer libro de Juan Meseguer, que mereció un accésit del Premio Adonais 2005) está escrito bajo las pulsiones de una pluma, de una mano, de un poeta dedicado a devolver a la vida esas horas, esas acciones y esos pensamientos ocupados u orillados por la rutina.

Y a lo mejor la vida
no es otra cosa que eso:
llegar de noche a casa
(los niños, los deberes,
Los deberes, los niños),
sentarse en un sofá,
prescindir de la tele,
Y estar unos minutos
contemplando en tus ojos
la solución exacta
-el verso pertinente-
a todas mis preguntas.


¿Sabe cómo llamó al poema? Vita Poetica. Nada más coherente. Vida poética. La que hay en cada momento. Acostumbrados a ceder a los vaivenes del tiempo, a que sea la vida la que nos diga cuándo toca qué y cuando no, viene Meseguer y con cuatro versos nos enseña que vivíamos como hojas otoñales, a capricho de los vientos; que hay algo más allá de lo puramente accidental; que hay un sentido -muchas veces un no sé qué- intrincado en la realidad, capaz de amarrar la periferia al centro; y que es posible, ¡necesario!, no ceder el infinitivo…


Dame, esperanza,
el nombre equivocado
y dulce de las cosas.
Confunde con tu vuelo
el cálculo preciso
de la lógica humana;
su exacto pesimismo
de medidas y números.
Conquista para mí
-para nosotros-
la luz inaccesible de los días,
Su alta cumbre
de nieve y de pureza.

Juan Meseguer Velasco
Bancos de Arena
, 2005.

lunes, 28 de enero de 2008

WALKER PERCY

En un mundo tan globalizado, igual en temas económicos que culturales, no deja de sorprender el caso de Walker Percy, autor norteamericano que, con un National Book Award en sus alforjas y varios libros de éxito, no ha llegado a dar nunca el salto de un lado a otro del océano. De hecho, la primera asociación –y la única, me atrevería a decir- que puede tener el español medio cuando oye su nombre, viene pareja normalmente a La conjura de los necios, un libro que aunque no escribió, sí que le dio la oportunidad de ser publicado y, a la postre, obtener el Pulitzer en 1980, once años después de la muerte de John Kennedy Toole, su autor. Pero Percy era algo más que un pescador afortunado. Estudió medicina y, en su primera operación, cayó enfermo, contagiado por el propio paciente, de tuberculosis, lo que le tuvo encamado una larga temporada. Esto, que cualquiera puede tenerlo como un auténtico revés, se acabó convirtiendo en una temporada de especial significación. Fue entonces cuando leyó –casi se puede decir que engulló- a Dostoyevski, al igual que a Kierkegaard; autores que, a partir de entonces, tendrían en él un especial influjo. Fue también la época en que se le cayeron las escamas de los ojos y se convirtió al cristianismo. Y escribió. Ensayo y novela. Y ganó el National Book Award en 1962 con The Movigoer, novela que en España no triunfó, pero que en Estados Unidos es tenida como uno de los mejores libros escritos. Así las cosas, los editores a este lado del Atlántico se olvidaron de él, probablemente porque nunca comprendieron su obra, porque sus argumentos iban más allá –o quizás más acá- de la mera historieta, de la literatura fácil. Esto viene siendo así desde 1962. Murió en 1990. Y hoy parece seguir en el olvido